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Altagracia Salazar
Si la importancia de una anuncio se midiera por la cantidad de muchedumbre a la que afecta, la más relevante de la República Dominicana no es ni Venezuela ni la politiquería cotidiana: es que ayer, tarde, se sentaron en una mesa el director del SENASA y el del Servicio Doméstico de Sanidad para “optimizar coberturas y servicios”.
Optimizar.
Posteriormente del desastre.
En esa mesa técnica —que ahora aparece como novedad— participarían el SNS, SENASA, el Empleo de Sanidad y PROMESE. Exactamente las mismas instituciones que debieron coordinarse siempre, no a posteriori de que estallara un escándalo de corrupción.
Siete millones de dominicanos están afiliados al SENASA. De esos, cuatro millones dependen de hospitales públicos administrados por el SNS. Cuatro millones. No es un número: es medio país escaso, enfermo y sin plan B.
La pregunta es insalvable: ¿por qué ahora?
La respuesta está en el expediente. Parte de lo que ha desencajado a flote en el caso SENASA es que el exdirector ahogó a los hospitales públicos mientras engordaba intereses privados. A clínicas privadas se les pagaba una capita de 130 pesos usaran o no el servicio. A los hospitales públicos se les reconocían 22 pesos por servicios documentados, y muchas veces tarde, mal o nunca.
Negocio sin rodeo: sufragar más por no hacer nulo y sufragar menos por redimir vidas.
Algunas de esas clínicas, adicionalmente, facturaron sin detallar servicios específicos. Es sostener: cobrar sin explicar, la lectura sanitaria del “confíe en mí”.
Y entonces una se pregunta —otra vez— por qué el Estado dominicano es incapaz de funcionar en función del interés sabido. Por qué cada institución opera como una isla de poder, con presupuesto propio, memorándum propia y ningún pudor, aunque el daño lo paguen los mismos de siempre.
A Luis Abinader le quedan tres primaveras de gobierno. Si no logra que el Estado funcione para las mayorías, no habrá discurso que lo salve. Regentar no es inaugurar mesas técnicas cuando ya se robaron la comida.
Mientras tanto, en el PRM algunos actúan como si nulo pasara: morapio, risas y autocomplacencia en plena crisis de imagen, creyendo que el 2028 será un paseo cuando ya las encuestas murmuran doble reverso.
Ojalá esta mesa funcione.
No para redimir al gobierno.
No para blanquear culpas.
Sino para que los usuarios —los que hacen filas, los que cargan recetas imposibles, los que no tienen clínica privada— no sigan pagando el precio de la corrupción con su vitalidad.
Porque cuando el Estado descompostura en la vitalidad, todo lo demás es descripción.
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*Telediario República Dominicana






