Madrid, 27 de Diciembre (EFE).- Implantes cerebrales que permiten a personas con parálisis mover un miembro o incluso retar a un videojuego, que “leen” las señales cerebrales y traducen pensamientos en palabras casi en tiempo verdadero son algunos de los últimos avances de un incipiente pero prometedor campo de la neurotecnología- el de las interfaces.
Por ahora, estos logros son pruebas de concepto o pequeños ensayos clínicos que sirven para demostrar la viabilidad de una cirugía, de un biomaterial o de un maniquí de Inteligencia Fabricado (IA) entrenado para prever las órdenes del cerebro pero, en conjunto, son los avances que en el futuro harán existencia el progreso de dispositivos para asistir a las personas sin movilidad o con enfermedades neurológicas.
“El cerebro será posiblemente el gran desafío investigador y tecnológico del siglo XXI. Y en los próximos primaveras, las tecnologías basadas en interfaces cerebro-ordenador van a crecer de forma exponencial”, pronostica el director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante), en España, Eduardo Fernández. ¿Pero qué es una interfaz?. “Básicamente es una aparejo que permite la comunicación e interacción entre sistemas o dispositivos, o entre un dispositivo electrónico y una parte de un organismo”, explica a EFE.
Las primeras fueron los ‘marcapasos’ pero desde entonces se han desarrollado muchos tipos de aparatos que conectan la tecnología con el cuerpo.
Algunos -diseñados para estimular una parte concreta del cerebro- ya se están utilizando con éxito para eliminar los temblores en personas con parkinsono en implantes coclearesque permiten devolver cierta capacidad auditiva a personas sordas, pero para la mayoría de patologías, estas tecnologías tienen aún un generoso camino por delante.
Pero cuando hablamos de interfaces cerebrales nos referimos a sistemas electrónicos que, mediante sensores implantados en el cerebro, se comunican con el sistema nerviosoque asimismo utiliza señales eléctricas. Estos registran información y descodifican las señales neuronales.
“En el caso de una persona tetrapléjica, por ejemplo, aunque no pueda realizar movimientos, su cerebro funciona sin problemas. Las interfaces se encargan de registrar la actividad cerebral y enviarla a un articulación robótico para que realice una entusiasmo concreta como coger un vaso y acercarlo a la boca».
Existe otro tipo de interfazlas que tienen una comunicación bidirecccional con el cerebro y registran la información pero asimismo la envían al sistema nervioso; el objetivo es hacer posible un diálogo con el cerebro, una comunicación que sea “efectiva, robusta, fiable y segura”, señala Fernández, asimismo director del orden de Neuroingeniería Biomédica del CIBER de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN).
Una investigación multidisciplinar Desarrollar estas tecnologías involucra a neurocientíficos, neurocirujanos, ingenieros y expertos en biomaterialesrobótica o tecnología porque la neurociencia moderna es un enorme combate de investigación multidisciplinar que se hace en todo el mundoasimismo en España.
Para que estas sean existencia, “lo ideal sería ser capaces de trocar información con el cerebro y entender mejor su verbo”, comenta Fernández, pero “desgraciadamente todavía no entendemos admisiblemente todos los mecanismos cerebrales que participan en el procesamiento de la información».
Y es que el entraña que genera las emociones, la personalidad y la conciencia funciona gracias a la actividad de cien mil millones de neuronas conectadas entre sí -una red tan vasta que triplica el tamaño de internet en la Tierra- y que proyectos como BRAIN (impulsado por barack obama en Estados Unidos y liderado por el neurocientífico castellano Rafael Yuste), o el tesina europeo CEREBRO HUMANO intentan descifrar.
El objetivo, desarrollar tecnologías y ayudar a pacientes con incapacidades físicas o patologías como alzhéimer o párkinson. Así, mientras los científicos tratan de mapear esta sofisticada máquina natural y comprender cómo toma las decisiones, laboratorios de todo el mundo desarrollan interfaces y tecnologías que se comuniquen con el cerebro, aunque la mayoría son pruebas de concepto o pequeños ensayos.
“Todavía es necesario crear tecnologías más eficientes y más seguras e inteligentes que permitan descifrar el verbo del cerebro y sean capaces de ojear y modificar la actividad cerebral en tiempo verdadero”, subraya el responsable del CIBER-BBN.
Son pasos necesarios cerca de un futuro en el que “vamos a ser capaces de hacer muchas cosas que todavía hoy no son posibles”, pero, hasta entonces, estas tecnologías tendrán que resolver muchos retos, como el de la biocompatibilidad porque los implantes -como con los trasplantes de órganos- son cuerpos extraños que el organismo tiene que tolerar.
Por eso, uno de los retos es despabilarse materiales que no se degraden y que ellos trabajan adecuadamente durante largos periodos. Otro “cuello de botella” es desarrollar baterías miniaturizadas. La electrónica de estos dispositivos requiere mucha capacidad para advertir y procesar las señales y, al igual que los ordenadores potentes, consumen mucha energía que se almacena en baterías que, por ahora, son demasiado grandes para los pacientes.
Adicionalmente, para evitar infecciones y otro tipo de problemas, estas tienen que funcionar sin cables, de forma inalámbrica, pero advertir y procesar las señales cerebrales requiere una electrónica muy compleja y con muchos canales.
“Es una parte sumamente compleja”, reconoce. Implicaciones éticas y neuroderechos En la búsqueda de estos dispositivos trabajan no solo científicos, asimismo muchas empresas como Neuralink o Synchron, con bienes económicos que “están fuera del difusión de la mayoría de los investigadores».
Antaño de que estén admisiblemente desarrollados y que los dispositivos puedan ‘ojear’ la mente de las personas o expedir información imaginario al cerebro, “es fundamental -advierte el científico- que la sociedad en su conjunto analice y regule los problemas éticos que puedan surgir con su progreso” y que pueden comprometer la dignidad y la licencia individual del ser humano.
“La bioética y los neuroderechos son aspectos que Yuste viene defendiendo desde hace unos primaveras, que ya cuentan con una estatuto propia en Pimiento y que aquí deberían abordarse cuanto antiguamente” para apoyar la protección de los derechos de los usuarios (intimidad, privacidad, protección de datos, socorro sanitaria, etc) que podrían encontrarse vulnerados por su mal uso, concluye Fernández. EFE
Por: Elena Camacho




