De mis más de 23 abriles de servicio prestado en la Suministro pública, ocho de ellos los dediqué a tramitar la comunicación estratégica del Profesión de Vitalidad Pública, tiempo suficiente para conocer el básico sistema taza franquista.
Una de las principales lecciones aprendidas consistió en la menester de crear conciencia colectiva de que una sociedad que no loores de salubridad física y mental de ningún modo podrá avanzar en términos crematístico y social, lo que implica que los gestores sanitarios deben disponer de los conocimientos, destrezas y habilidades para gerenciar adecuadamente el sistema de salubridad.
Aquí no funcionan la improvisación, la incapacidad ni las narrativas comunicacionales en procura de conquistar una percepción positiva de parte de la población.
Teóricamente se pueden ocultar o maquillar las estadísticas, pero no el número concreto de enfermos ni de muertes provocadas por enfermedades.
Cada comunidad sabe contar sus enfermos y difuntos, aunque no aparezcan registrados en los boletines semanales de la Dirección Universal de Epidemiología del Profesión de Vitalidad Pública o que para los medios de comunicación tradicionales haya dejado de ser parte de la memorándum setting.
Confieso que, en medio del persistente incremento y persistencia de los casos de afecciones respiratorias, me sorprendió la tajante afirmación del ministro de Vitalidad Pública, Víctor Atallah, en el sentido de que en República Dominicana “no hay aumento fuera de lo corriente” de virus respiratorios, bajo el alegado de que “no es poco nuevo, ni inesperado”, sino que estos eventos ocurren todos los abriles en el país y la región del Caribe.
La reacción de la máxima autoridad sanitaria preocupa, en traza de que está alejada de la sinceridad. Hace muchos abriles que no se presentaba un panorama de esa naturaleza en el país, incluso ayer de que llegara, en torno a de una período, la vacuna contra la influenza.
Dos factores pueden ocurrir concurrido para que el doctor Atallah se pronunciara de esa modo, el primero su vida profesional ha sido en un consultorio, sin conocimiento integral del sistema de salubridad; y, la segunda, el deseo de montarse en la novelística ministerial de desmentir todas aquellas realidades que con potencial de ocasionar percepción negativa.
Tan pronto como habían transcurrido unas 24 horas del referido pronunciamiento cuando se conocía la información de que las autoridades sanitarias del Aeropuerto Internacional Las Américas activaron un protocolo de vigilancia singular como medida preventiva frente al aumento de casos de influenza en Puerto Rico y la alerta epidemiológica por un brote del virus Nipah en la India.
La idea es detectar de modo temprana cualquier señal sospechoso en pasajeros y tripulaciones, en coordinación con las autoridades migratorias, aeroportuarias y de salubridad pública, siguiendo los lineamientos internacionales de prevención y control de enfermedades.
Las enfermedades derivadas de los virus respiratorios son de notificación obligatoria para los centros de salubridad dominicanos, pero el país se ha caracterizado, históricamente, por un suspensión subregistro epidemiológico.
Ahora más que nunca, el mundo constituye una verdadera pueblo total, por lo que República Dominicana, cuya bienes depende mucho de la industria turística, debería poner su observación en la prevención del virus Nipah, que, según la Estructura Mundial de la Vitalidad, se comercio de un patógeno que puede provocar desde cuadros asintomáticos hasta enfermedades respiratorias agudas y encefalitis, con una tasa de mortalidad estimada entre el 40 % y el 75 %, y sin que exista hasta el momento tratamiento ni vacuna específica.
La recomendación al ministro Atallah es que las enfermedades no conocen de política, y que hay que evitar caer en el error de ocultar datos en presencia de amenazas sanitarias.






