Por Gabriel Atiles Bidó
Durante abriles, mi única relato iconográfica de Duarte fue la efigie en el billete de un peso oro. En la plazo de los setenta, la tercera emanación de billetes introdujo un Duarte desigual: de pelo engominado, peinado para cubrir la alopecia primero, de figura flaca y angulosa. Me costó reconocerlo y más aún aceptarlo. (Sigue leyendo…)







