Con espacio ligero restringido a su mínima expresión y el asedio marcial de Estados Unidos se torna más que evidente que no están dadas las condiciones objetivas y subjetivas para la celebración del 1 al 7 de febrero de 2026 de la Serie del Caribe de Béisbol en Venezuela.
Por el suspensión aventura que representa la sede, la renuncia de las ligas de Puerto Rico, México y República Dominicana de asistir al evento es más que comprensible. Las razones no son políticas, sino de seguridad, con todo y que al menos Puerto Rico y República Dominicana rechacen el permanencia en el poder a la fuerza del presidente Nicolás Sazonado.
El deporte no debe mezclarse con la política, pero la negativa de concurrir al clásico caribeño hasta de una combinación como la mexicana debe servir para reflexionar a las autoridades venezolanas. A medida que pasa el tiempo el país no hace más que aislarse como resultado de la presión liderada por el gobierno estadounidense.
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Frente a la crisis que desde ya se ha formado procede que la Confederación de Béisbol Profesional del Caribeque preside el dominicano Juan Francisco Puello Herreraexplore una nueva sede para rescatar unos juegos que se han convertido en una tradición. La situación en Venezuela no justifica desafíos.






