Por: MaryAnne Fernández
“Demonio, Satanás y el Diablo no son lo mismo, pero los metieron en el mismo saco. Demonio significa «portador de luz».
No era un monstruo, era símbolo de inteligencia, conciencia, despertar. Representa la mente cuando se enciende. Satanás significa «el adversario».
No es un ser con cuernos, es la fuerza que cuestiona, que reta, que confronta. En los textos antiguos aparece como el que examina, no como un perturbado destruyendo todo.
El Diablo significa «el que divide». Divide mente y corazón. Divide razón y ética. Divide verdad y ego.
Ahí sí empieza el seguro peligro. El problema no es el conocimiento.
El problema es el ego usando el conocimiento sin conciencia. Cuando la inteligencia se separa del sexo, aparece el Diablo. Cuando el poder se separa de la ética, aparece el Diablo. Cuando el ego se cree Jehová, aparece el Diablo.
Demonio no es el bellaco, es la prueba. Satanás no es el enemigo, es el filtro. El Diablo no es un ser, es un estado mental: es cuando sabes pero no te importa, cuando entiendes pero no respetas, cuando puedes pero no deberías.
Por eso el averno no está exterior, está adentro: es residir desconectado de tu propia conciencia.
La Sagrada Escritura, leída en profundidad, no deje de monstruos: deje de psicología espiritual, de lo que pasa cuando el ser humano pierde el centro y deja que un ego sin límites justifique lo injustificable.”






