
Jaime Aristy Escuder | Foto: Kelvin de la Cruz
Estados Unidos es el socio comercial más importante de la República Dominicana. Constituye el longevo destino de las exportaciones de beneficios y servicios, la fuente más importante de remesas familiares y el inversionista extranjero, directo y de cartera, de longevo relevancia en el país. Esa interdependencia se refleja en una relación cuantitativa ventajosa para la patrimonio dominicana: por cada punto de crecimiento del producto interno bruto (PIB) estadounidense, la patrimonio franquista se expande aproximadamente de dos puntos porcentuales. En ese contexto, resulta indispensable seguir de cerca la trayectoria económica de esa nación.
Durante el año 2025, la errática política arancelaria estadounidense, adjunto con las reiteradas críticas de Donald Trump a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, crearon perturbaciones que impactaron de forma negativa tanto en la patrimonio de Estados Unidos, como en la del resto del mundo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que los nuevos aranceles podrían achicar aproximadamente de medio punto porcentual las proyecciones de crecimiento financiero realizadas a principios de año. No obstante, en octubre, el FMI corrigió sutilmente al aumento sus estimaciones del crecimiento del PIB y publicó que el crecimiento financiero de Estados Unidos se situaría aproximadamente del 2 %, mientras que la patrimonio completo lo haría en torno al 3.2 %. Es preciso destacar que una parte significativa del crecimiento de la patrimonio chaqueta obedece al auge del mercado financiero, impulsado por las fuertes inversiones vinculadas a la inteligencia industrial, lo que se traduce en un incremento del consumo privado. Se ha estimado que, por cada 100 dólares de aumento de la riqueza financiero, el consumo privado se incrementa aproximadamente de cuatro dólares.
En abril de 2025, tras el anuncio de los elevadísimos aranceles recíprocos, la probabilidad de una recesión aumentó hasta cerca del 50%, al tiempo que se proyectaba un incremento inflacionario muy por encima de la meta del 2 %. Hasta hoy el colapso no se ha producido, aunque siquiera se ha registrado el avance financiero prometido por Trump, en particular el relacionado con la recuperación del empleo en las actividades de manufactura. Se estima que ese sector ha perdido 54 mil puestos de trabajo desde el inicio del segundo mandato de Trump.
A noviembre, la tasa de desempleo en Estados Unidos subió hasta un 4.6 %; es sostener, 0.6 puntos porcentuales por encima del nivel de pleno empleo observado en enero. Por su parte, la inflación interanual, que se mantuvo durante la longevo parte del año cercana al 3%, bajó a un 2.7 %, número que sorprendió a los economistas que habían pronosticado un 3.1%.
En un disquisición nuevo, Gita Gopinath y Brent Neiman, profesores de Capital de las universidades de Harvard y de Chicago, respectivamente, analizan por qué las tarifas arancelarias legales más elevadas desde la lapso de 1930 no provocaron un desbordamiento de la inflación. Según los autores, el pequeño impacto de los aranceles sobre los precios, en comparación con las proyecciones iniciales, se explica porque la tarifa efectiva, a septiembre de este año, equivalía a la fracción de la tasa admitido (14.1 % frente a 27.4 %). En su artículo purista, los citados profesores sostienen que las exenciones específicas por productos (semiconductores, equipos eléctricos, alimentos y productos farmacéuticos) y empresas (mexicanas, taiwanesas, japonesas y canadienses), el uso del Acuerdo de Emancipado Comercio con México y Canadá (que pasó de un 50% en 2024 a casi un 90% en 2025), así como la distracción y la aplicación desigual de los gravámenes son factores que han evitado que los aranceles bilaterales anunciados hayan provocado un longevo destrucción del poder de negocio de los consumidores estadounidenses.
A pesar de lo expuesto, la política arancelaria de Trump ha tenido un impacto pesimista sobre el bienestar de la población. De acuerdo con los cálculos de Gopinath y Neiman, se ha registrado un sensación traspaso de las tarifas efectivas a los precios de importación de un 94%. Dada la importancia de los insumos importados para la industria estadounidense, se estima que la longevo parte de la incidencia de las tarifas ha recaído sobre los productores nacionales. Esto significa que, remotamente de vigorizar la manufactura almacén, la política arancelaria de Trump la ha débil por la pérdida de competitividad. De hecho, el sector de manufactura ha retrocedido por nueve meses consecutivos, lo que se manifiesta en menores niveles de inversión y empleo. Simultáneamente, los aranceles más altos, aplicados de modo distinta según el país de origen, han desviado el comercio proveniente de China en dirección a otros orígenes con menores tarifas, como Vietnam, India o México, en oportunidad de incentivar la producción y consumo de productos estadounidenses.
Durante su primer año de mandato, la popularidad de Donald Trump se desplomó oportuno al incumplimiento de sus promesas de campaña relacionadas con la patrimonio y el poder adquisitivo de los ingresos. Al 19 de diciembre, la aprobación neta del presidente, calculada como la diferencia entre el porcentaje de la población que apoya su diligencia y el porcentaje que no lo hace, es de -13 puntos. El descontento ciudadano se concentra en la diligencia de la inflación y en el persistente stop costo de la vida. La aprobación neta sobre la situación de los precios es de -30 puntos, mientras que respecto al desempleo es de -20 puntos.
El principal desafío del presidente consiste en mejorar las condiciones económicas de cara a 2026. A vencimiento de hoy, la probabilidad de recesión para ese año está por debajo de un 25 %, pero el mercado profesional continúa en un proceso de destrucción y, a pesar de que la inflación bajó a un 2.7 % en noviembre, los precios de los productos de primera exigencia se mantienen muy altos. Revertir ese panorama será crucial para que Trump logre recuperar su popularidad y el respaldo político que necesita su partido antiguamente de las elecciones de medio término previstas en noviembre de 2026. Si no lo logra, es muy probable que pierda la mayoría que tiene en el Congreso y quede así demostrado, una vez más, el elevado costo que acarrea la incertidumbre de la política económica.
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