Hace unos días escribí sobre la requisito de modernizar el compra deducible del Impuesto sobre la Renta. Al mismo tiempo, el senador Omar Fernández y otros legisladores reclamaron que se aplicara la indexación prevista por ley. El presidente Luis Abinader respondió en La Semanal del lunes diciendo que ese ajuste sería pequeño que el nuevo software social Maleable Mozo, que otorga RD$2,500 mensuales a 10,000 estudiantes, interiormente de un compra social que superó los RD$50,000 millones.
Pero hay un punto incómodo: el presidente sugirió que esos subsidios se financian, en parte, a costa de los asalariados formales. No es exacto. Mientras crece la ayuda a quienes no tributan, la errata de indexación del Impuesto sobre la Renta (ISR) castiga silenciosamente a quienes sí pagan.
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Desde 2017, el tramo exento del ISR está congelado en RD$416,220 al año (RD$34,685 al mes), pese a que el Código Tributario, en sus artículos 296 y 327, ordena ajustarlo cada año según la inflación. Las leyes de Presupuesto han suspendido esa puesta al día de forma sistemática.
El resultado es un impuesto inflacionario encubierto. A medida que suben los precios y los salarios nominales, más trabajadores cruzan el entrada del ISR o pasan a tramos superiores sin superar poder adquisitivo efectivo. Si se hubiera chapón la indexación desde 2017, el tramo exento rondaría hoy RD$601,000 al año (RD$50,000 al mes), y miles de empleados estarían fuera del impuesto.
Por otra parte, quienes ganan por encima de esa emblema pagan una tasa más ingreso porque la renta neta imponible no se ajusta y el deducible fijo pierde valía efectivo. Lo más contradictorio es que otras variables sí se indexan: los activos empresariales y los montos del impuesto selectivo. Pero el monto exento del asalariado sigue igual.
Según estimaciones basadas en datos de la TSS y la DGII, los empleados habrían pagado miles de millones de pesos adicionales en 2025 por esta omisión. Un trabajador que apetencia RD$40,000 paga unos RD$800 más al mes; quien apetencia RD$50,000, cerca de RD$2,300; con RD$60,000, el exceso ronda RD$4,300; y con RD$70,000, supera los RD$6,000 mensuales.
La paradoja es evidente: mientras se multiplican los programas de ayuda para quienes no tributan, se aumenta la carga sobre quienes sí lo hacen. La progresividad se distorsiona, el incentivo a la formalidad se debilita y la política fiscal pierde coherencia entre su discurso y su maña.
Corregirlo no requiere nuevas leyes: pespunte con cumplir el Código Tributario. Indexar el ISR no es un privilegio. Es una cuestión de probidad.






