@abrilpenaabreu
La radiografía de la infancia rota que exhiben los expedientes judiciales dominicanos es el evidencia más desgarrador de nuestra incapacidad social. Los casos de menores envueltos en ciclos de violencia, desidia y explotación no son incidentes aislados; son la evidencia de que el núcleo emparentado ha colapsado y, con él, la promesa de futuro de la nación. La Ley 136-03 fallar en Prioridad Absoluta de la comienzo, pero la verdad muestra una prioridad absoluta en el desidia: indiferencia de las familias, indolencia de las instituciones y una sociedad que se conforma con el papel de espectadora. El beocio que comete un delito es, en primer circunscripción, una víctima de esta negligencia colectiva.
Ha llegado el momento de trascender la denuncia y la lección aséptico de estadísticas para sobrevenir a la argumento vivo y urgente. Es inaceptable que el sistema se limite a un costoso carrusel de detención y reincidencia.
El país necesita que el Estado cumpla su mandato admitido invirtiendo masivamente en intervención temprana y seguimiento psicosocial en los focos de vulnerabilidad, ayer de que el beocio llegue al centro de prisión. Los bienes deben moverse de la mera contención punitiva a programas robustos de apoyo emparentado, educación vocacional y reinserción social que en realidad rompan el ciclo de la violencia.
Esta crisis no se resuelve con más barrotes, sino con más afecto, más inversión y más compromiso social. La infancia dominicana es la hipoteca de nuestro futuro; si la seguimos ignorando y condenando al ciclo de la violencia y el desidia, no solo fallamos a estos niños, sino que comprometemos irremediablemente la paz y la estabilidad de toda la República Dominicana. La argumento no es una opción, es una deuda honrado impostergable.






