La inversión pública es fundamental para suscitar infraestructura, servicios públicos y caudal humano, columnas del crecimiento a desprendido plazo. A diferencia del pago corriente (salario, subsidios, intereses), la inversión pública crea infraestructura y activos duraderos que mejoran la productividad: vías, energía, puertos, telecomunicaciones, etc.; impulsan la inversión privada al disminuir costos logísticos y mejorar servicios; aumentan el caudal humano (escuelas, hospitales); crean empleos directos e indirectos, sobre todo en construcción; y actúan como política contra cíclica en contextos de desaceleración de la peculio.
Un trabajo del Costado Interamericano de Progreso (BID)titulado “La Brecha de Infraestructura en América Latina y el Caribe”, señala que, en términos del esfuerzo de inversión relativo al tamaño de la peculio, América Latina y el Caribe necesitará trastornar en infraestructura por lo menos un 3,12% de su PIB cada año hasta 2030 para progresar con destino a el cumplimiento de los Objetivos de Progreso Sostenible. El trabajo, que toma como punto de partida el año 2020, arrojaba que 1.84% del PIB deberá´ destinarse a inversiones para infraestructura nueva y un 1.28% del PIB % a inversiones de mantenimiento del stock existente.
Un estudio previo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)que exploraba como conquistar una cierta convergencia entre los países de la región y los países desarrollados, arrojaba que las evacuación de inversión necesarias para satisfacer la demanda de infraestructura equivalían en promedio, y en términos anuales, a un 5,2% del PIB de la región, de lo que un 2.7% correspondía a nuevas inversiones y 2.5% se destinaría a mantenimiento del stock existente
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Para la República Dominicana, los datos que aportan los informes de inversión publica que elabora cada año la Pública, en el período 2019-2024, muestran que la inversión pública promedio fue equivalente al 1.4% del PIBmuy acullá de las recomendaciones del BID y la Cepal. Resulta preocupante el número preliminar de la Dirección Caudillo de Presupuesto, que da cuenta que al 7 de agosto la inversión pública totalizó RD$38,586 millones, lo que lleva a proyectar que, al término del año 2025, el monto de inversión pública podría situarse en torno al 1%.
De mantenerse los bajos niveles de inversión pública, los enseres negativos sobre el crecimiento se harán comprobar. El objetivo multiplicador fiscal de la inversión pública es parada. Para República Dominicana se estima entre 1.3 y 1.7; o sea, por cada peso empleado en obras públicas, el PIB aumenta más de un peso. Al tener tan herido inversión, el país desaprovecha ese objetivo expansivo.
Con una inversión pública tan herido (entre 1.0–1.4% del PIB), el stock de caudal conocido se expande lentamente o incluso se deteriora en términos per cápita, lo que limita la capacidad productiva futura del país. En contraste, economías que mantienen niveles sostenidos de inversión pública del 3–5% del PIB tienden a conquistar mayores tasas de crecimiento potencial. Este comportamiento puede contribuir a que República Dominicana crezca por debajo de su potencial (5%), como ya se evidenció en 2023 (2.2%) y primer semestre 2025 (2.4%).
Una evidencia clara de cómo el bajo nivel de inversión pública frena el dinamismo de sectores claves lo tenemos en el sector de la construcción, que depende fuertemente de la inversión pública. El reporte del Costado Central muestra el desplome de la construcción en el primer semestre de este año (-2.3%) correcto en gran medida al bajo pago de caudal del gobierno.
Otro aspecto a tomar en cuenta es la relación entre inversión pública y productividad. Una herido inversión pública tiende a deslindar la capacidad del país para aumentar la productividad a mediano y desprendido plazo. En ese contexto el país puede no apoyar o aumentar las brechas con las economías más avanzadas. Incluso reduce la competitividad internacional del país, dificultando avanzar con destino a el ampliación.
En sinopsis, cuando el Estado invierte poco en infraestructura, caudal humano e innovación, el sector privado enfrenta costos más altos, último eficiencia y último capacidad de crecimiento sostenido.
De lo preparatorio se desprende que nuestro país tiene que hacer un gran esfuerzo por elevar sostenidamente su inversión pública a al menos 3%–4% del PIB, priorizando infraestructura productiva (viario, abastecimiento, energía), caudal humano (escuelas, sanidad), digitalización del Estado y servicios públicos.






