El autor es comunicador. Reside en Nueva York
POR LUIS M. GUZMAN
La canasta corriente es el conjunto de caudal y servicios que necesita un hogar para residir dignamente durante un mes. Incluye alimentos, vivienda, transporte, vitalidad, educación y otros gastos. En el primer trimestre de 2025, el costo promedio franquista fue de RD$46,716, según el Costado Central, aunque esta número varía según ingresos y división de residencia.
No todas las familias enfrentan el mismo consumición. Las de menores ingresos (quintil 1) requieren unos RD$27,943 al mes, mientras que las de mayores ingresos (quintil 5) superan los RD$76,109. Estas diferencias no solo reflejan precios, sino igualmente hábitos de consumo y golpe a servicios que encarecen o abaratan la vida diaria.
En las zonas urbanas, los precios suelen ser más altos por el costo de la vivienda, transporte, educación y servicios básicos. En las rurales, aunque la renta de vivienda es último, algunos alimentos y productos llegan más caros por los gastos de transporte y distribución desde las ciudades o puertos.
El consumición en vivienda es una de las cargas más grandes para las familias urbanas. Muchos hogares destinan más del 30% de sus ingresos al locación. A esto se suman electricidad, agua potable e internet, que juntos representan una porción importante de la canasta urbana y presionan el presupuesto corriente.

En las áreas rurales, aunque la vivienda sea más ocasión, el transporte encarece productos como óleo, arroz, caucho o carne. Encima, las distancias alrededor de hospitales, mercados o centros educativos elevan el consumición en combustible, un impacto que no siempre se refleja con claridad en las estadísticas oficiales.La estructura de consumo igualmente es distinta.
En las ciudades, los hogares gastan más en caudal y servicios no alimentarios, como educación privada, restaurantes y entretenimiento. En el campo, el consumición se concentra más en alimentos y deposición básicas, lo que hace que las subidas de precios de comida afecten más a estas familias.
El transporte es un factótum secreto. En zonas urbanas, el costo diario de pasajes o gasolina pesa en el presupuesto. En las rurales, aunque el transporte divulgado es menos frecuente, las distancias más largas obligan a usar vehículos propios o acreditar traslados costosos para obtener a servicios esenciales.
Los ingresos son más bajos en el campo y la informalidad sindical es viejo. En República Dominicana, la informalidad ronda el 53%, lo que significa que muchas personas no tienen golpe a seguridad social ni salarios estables, reduciendo su capacidad de cubrir la canasta corriente completa.
La inflación genérico se ha moderado, con un 3.40% interanual en julio de 2025, pero los precios de alimentos y vivienda siguen presionando. Aunque haya estabilidad macroeconómica, los hogares sienten que el hacienda rinde menos porque los niveles alcanzados en 2021-2023 no han retrocedido.
El salario reducido de grandes empresas es de RD$27,989, lo que cubre solo cerca del 60% de la canasta promedio. Incluso con el aumento programado para 2026 (RD$29,988), seguirá existiendo una brecha que obliga a muchos a subordinarse de varios ingresos o de remesas familiares, que sumaron US$4,903 millones entre enero y mayo de 2025.
Para cerrar estas brechas se necesitan políticas adaptadas a cada efectividad. En zonas urbanas, controlar el aumento de alquileres y mejorar el transporte divulgado; en zonas rurales, cambiar en carreteras, mercados de abasto y programas que reduzcan el costo de alimentos y servicios básicos.
El costo de la vida es un reflexivo de las desigualdades estructurales del país. Comprender cómo varía la canasta corriente según el división y el nivel de ingresos es secreto para diseñar políticas efectivas. Solo así se podrá asegurar que más hogares, en el campo o en la ciudad, alcancen una vida digna y estable.
Jpm-am
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