El autor es abogado. Reside en Santo Domingo.
POR CARLOS SALCEDO
Uno de los debates más recurrentes -y peor comprendidos- en la ejercicio del pleito penal dominicano viaje en torno a los límites del contrainterrogatorio. Con frecuencia se sostiene, de guisa restrictiva, que el contraexamen debe ceñirse estrictamente a los hechos tratados en el interrogatorio directo y que está coto introducir cuestiones nuevas o formular preguntas sugestivas, aseverativas u abiertas. Esta leída, adicionalmente de desmerecer la litigación verbal, contradice el texto, el espíritu y la función garantista del artículo 12 de la Resolución sobre los medios de prueba, núm. 3869.
El artículo 12 reafirma una concepción amplia, práctico y constitucional del contrainterrogatorio, coherente con el maniquí acusatorio consagrado en el Código Procesal Penal. En ese entorno, el contrainterrogatorio no es un apéndice beocio del interrogatorio directo, sino un espacio autónomo de contradicción, orientado a someter la prueba a pesquisa racional y a control epistémico.
1. El contrainterrogatorio como técnica de control, no de repetición
Desde la dogmática procesal penal contemporánea, el todavía llamado interrogatorio cruzado no tiene como finalidad reproducir lo ya dicho, sino poner en crisis la fiabilidad del medio probatorio. Esto explica por qué su dialéctica es distinta a la del interrogatorio directo: mientras este indagación construir un relato, aquel indagación desarticularlo, limitarlo o relativizarlo.
El artículo 12 de la Resolución 3869 reconoce expresamente que, en el contrainterrogatorio, la parte puede formular preguntas dirigidas a: la credibilidad del testimonio o perito, su interés, parcialidad o motivación, la consistencia interna y externa de su testimonio y la calidad de su percepción o conocimiento.
Estas materias, por su propia naturaleza, no siempre han sido abordadas -ni tienen por qué haberlo sido- en el interrogatorio directo. Pretender lo contrario equivaldría a pincharse de contenido el derecho de contradicción.
2. Preguntas sugestivas, aseverativas y abiertas: legalidad técnica
El artículo 12 desmonta otro equívoco frecuente: la supuesta prohibición absoluta de preguntas sugestivas o aseverativas en el contraexamen. Muy por el contrario, la resolución las reconoce como herramientas legítimas, siempre que sean pertinentes y respetuosas de la dignidad del declarante.
Desde la técnica de litigación verbal, las preguntas sugestivas y aseverativas cumplen una función esencial: controlar al testimonio, evitar narraciones expansivas y fijar hechos relevantes para la valoración probatoria. Su uso no vulnera el correcto proceso; lo garantiza, al impedir que el afirmación se convierta en un monólogo inmune a la confrontación.
Incluso las preguntas abiertas pueden resultar admisibles cuando su finalidad no es introducir una nueva historia incriminatoria, sino explorar omisiones relevantes, inconsistencias o aspectos de credibilidad. La secreto no está en la forma de la pregunta, sino en su finalidad procesal.
3. Hechos no abordados en el interrogatorio directo
El punto más relevante del artículo 12 es su gratitud implícito -y dogmáticamente correcto- de que el contrainterrogatorio puede dilatarse a hechos no tratados en el interrogatorio directo, siempre que estos guarden relación con: la credibilidad del testimonio, la fiabilidad de su percepción, o el peso convictivo de su afirmación.
Esta amplitud no vulnera el principio de igualdad de armas ni el derecho de defensa de la contraparte, pues el sistema prevé el reinterrogatorio o interrogatorio redirecto como mecanismo de permanencia. Confinar artificialmente el contrainterrogatorio solo fortalece testimonios débiles y debilita la racionalidad de la sentencia.
Conclusión
El artículo 12 de la Resolución 3869 no amplía arbitrariamente el contrainterrogatorio: lo restituye a su verdadera función constitucional. Autorizar preguntas sugestivas, aseverativas y abiertas, incluso sobre hechos no abordados en el interrogatorio directo, no es una inmoralidad al injusticia, sino una exigencia del correcto proceso, del principio de contradicción, del derecho de defensa y de la búsqueda de una atrevimiento fundada en prueba verdaderamente contrastada.
Un pleito que teme al contrainterrogatorio amplio no protege derechos, sino que protege relatos. Y cuando el proceso penal deja de contrastar narraciones, deja de ser conciencia para convertirse en mera escenificación.
JPM
Compártelo en tus redes:





