El planeta atraviesa una etapa de desequilibrio climático visible desde los océanos hasta la entorno. Las aguas del Atlántico alcanzan temperaturas que baten récords históricos, y ese exceso de calor se ha convertido en el principal combustible de huracanes más potentes, húmedos y destructivossegún los expertos.
Lo que hace unas décadas parecía un engendro magnífico se ha vuelto una constante: tormentas que se fortalecen a velocidades inéditasdejando cada vez menos beneficio para proteger vidas e infraestructuras.
El caso más fresco es el huracán Melissaque pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 48 horasconvirtiéndose en un símbolo de esta nueva era climática marcada por riesgos amplificados y océanos sobrecalentados.
Los científicos ven en Melissa la confirmación de lo que advertían hace primaveras: el calentamiento del mar intensifica los huracanes.
Los registros muestran que hace tres décadas una intensificación súbita era poco global; hoy, ocurre varias veces en una misma temporada.
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El océano absorbe más del 90 % del exceso de calor generado por las actividades humanas, y ese calor se acumula en las profundidades, alimentando el corazón de los ciclones tropicales.
En el caso de Melissa, el engendro fue extremo: sus vientos pasaron de 112 a 225 kilómetros por hora en escasamente un díaalcanzando ráfagas de 260 kilómetros por horasegún el Centro Doméstico de Huracanes de Estados Unidos (NHC).
Es la cuarta tormenta del Atlántico en lo que va de año que sufre una intensificación tan rápida, una número inusual que coincide con el aumento sostenido de la temperatura flota.
“La parte centroamericana del Atlántico está extremadamente caliente, cerca de de 30 °C, entre 2 y 3 °C por encima de lo regular”, explicó Akshay Deorasmeteorólogo de la Universidad de Readingen el Reino Unido. “Y no se prostitución solo de la superficie: las capas más profundas del océano igualmente están inusualmente cálidas, lo que proporciona una reserva inmensa de energía para la tormenta”.
Los expertos coinciden: el mar está alimentando la violencia del clima
Esa reserva energética actúa como combustible puro. Cuanto más caliente está el océano, más vapor de agua se libera a la entorno y anciano es la energía arreglado para que un huracán se fortalezca.
“Los huracanes se forman en zonas tropicales, pero necesitan una colchoneta cálida en el mar. Al estar extremadamente caliente, la energía que tiene el huracán arreglado es enorme, y eso permite que se vuelva más intenso”, explicó Matilda Rusticucciprofesora emérita de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del Conicetcoautora de los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) proponer ÉL.
El igualmente meteorólogo Eduardo Piacentiniexdirector del Área de Cambio Completo del Servicio Meteorológico Doméstico (SMN)coincidió en que las aguas del Caribe “se calientan más rápido que nunca”.
“Cuando hay más evaporación, hay más energía en la entorno, y los ciclones van a ser cada vez más intensos. Huracanes como Melissa son de una violencia tremenda”, advirtió.
Una advertencia que se cumple
Durante primaveras, los científicos del clima alertaron que la ignición de combustibles fósiles y la deforestación alterarían el firmeza térmico del planeta.
Hoy, esa predicción se cumple: el año pasado, los océanos del mundo registraron su temperatura media más entrada desde que existen mediciones.
Según la ordenamiento Clima centralla probabilidad de que un episodio de calentamiento oceánico de este tipo ocurra hoy es 700 veces anciano correcto a la hecho humana.
“El cambio climático está modificando fundamentalmente nuestro clima”, afirmó Insignias de Bernadette Woodsmeteoróloga principal de Climate Central. “Los huracanes del Atlántico tienen ahora el doble de probabilidades que antaño de intensificarse rápidamente y convertirse en eventos catastróficos”.
La tendencia se agrava porque muchas tormentas se desarrollan cerca de las costasdonde el agua cálida y la humedad atmosférica favorecen una precipitación explosiva.
Huracanes más lentos, más húmedos y más destructivos
El calentamiento completo no solo amplifica la fuerza del derrota: igualmente ralentiza el movimiento de los huracanes.
Al desplazarse más despacio, las tormentas descargan más chubasco sobre una misma región y prolongan las inundaciones.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Aventura de Desastres advirtió que los huracanes actuales son “máquinas térmicas cada vez más potentes” que extraen energía del agua cálida del océano.
Cada graduación adicional en la temperatura flota puede aumentar un 5 % la velocidad del derrota y elevar los daños hasta un 50 %.
“Incluso sin tormentas, los niveles del mar están subiendo. Cuando llega un huracán, el agua tiene más espacio para avanzar tierra adentro”, explicó Woods Placky. “Estas tormentas están destruyendo infraestructura costera y reconfigurando las islas del Caribe”.
Un futuro bajo presión
Los meteorólogos observan un engendro cada vez más frecuente: la intensificación rápidacuando una tormenta moderada se transforma en un huracán anciano en menos de 24 horas.
Casos como Katrina, Harvey o Helene ya demostraron las consecuencias devastadoras: lluvias extremas, millones de desplazados y pérdidas multimillonarias.
La Establecimiento Doméstico Oceánica y Atmosférica (NOAA) anticipó para este año una temporada de huracanes más intensa de lo habitualcon hasta cinco tormentas de gran magnitud. Melissa confirma el pronóstico: los modelos climáticos ya no describen el futuro, sino el presente.
Aún hay tiempo para desempeñarse
El calentamiento de los océanos es un proceso acumulativo que continuará durante décadas, incluso si las emisiones se reducen hoy mismo.
Sin retención, los científicos insisten en que el avería aún puede frenarse.
“El calentamiento completo no es una predicción, es una ingenuidad”, recordó Matilda Rusticucci. “Pero todavía podemos arriesgarse cuán extrema será esa ingenuidad”.
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