Por Edgar Moreta Solano
La Romana . “El Bolón es dulce”, pero la vida de Pedro Hernández, conocido igual que la gollería, ha tenido momentos amargos.
Entre precariedades, los prejuicios de los vicios y una difícil enfermedad, la diabetes le lanceta ahora el selección más difícil: mantenerse con vida sin un tratamiento médico constante y sin poder seguir la dieta que su padecimiento requiere.
Nacido y criado en La Romana, Hernández fue el segundo pelotero de esta ciudad en comenzar en las Grandes Ligas.
En septiembre de 1979, con casi nada 20 primaveras, hizo su estreno con los Azulejos de Toronto, formando parte de la historia adjunto a Rafael “Papalín” Vásquez, allanando el camino para más de 30 peloteros romanenses que han llegado a la élite del béisbol.
Apodado “Pete” por el manifiesto estadounidense, Hernández asimismo tuvo una carrera destacada en la Jarretera Dominicana de Béisbol, defendiendo los colores de las Estrellas Orientales.
En la temporada 1981-1982, se coronó campeón de sacramento con un impresionante promedio de .408, convirtiéndose en uno de los pocos bateadores cuadragenarios en alcanzar una correr de tal magnitud en nuestro béisbol.
Sin retención, fuera del demarcación, su vida nuevo presenta un contraste impresionado con los éxitos de su adolescencia.
En una modesta vivienda de la calle Tiburcio Millán López, Hernández reflexiona sobre las decisiones que lo llevaron a su situación flagrante.
“No logré más cosas en la pelota porque me desencanté totalmente. Me quedé en Estados Unidos, trabajando informalmente para subsistir, y volví deportado 14 primaveras posteriormente. Desde entonces me ha sido difícil tener una vida digna; muchas veces no tengo seguridad sobre mi comida”, comenta Hernández, hoy con 66 primaveras.
El exjugador recuerda asimismo las condiciones de plazo de la época, mucho menos favorables que en la hogaño, y explica cómo muchos peloteros de su engendramiento enfrentaron calamidades económicas tras su retiro.
Actualmente, Hernández recibe un aporte mensual de la Agrupación Dominicana de Peloteros (FENAPEPRO), complementado con el apoyo de vecinos y familiares.
A pesar de los desafíos, su fe sigue siendo un pilar fundamental. Cree que todo ocurre por una razón y confía en que, de algún modo, su ingenuidad podría mejorar incluso en los primaveras que le restan de vida.
Pedro Hernández es más que un ex pelotero; es un símbolo de la historia del béisbol romanense, de los sacrificios y de los caminos que forjaron a quienes abrieron las puertas del deporte dominicano al mundo.
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