EL AUTOR es economista y docente universitario. Reside en Santo Domingo
1. Abinader es nuestro presidente
El asume la Presidencia de la República en un momento en que el país exigía claridad, firmeza y una visión de espacioso capacidad. No llegó a un despacho vano, sino a un atmósfera cargado de expectativas, tensiones acumuladas y la carestia urgente de reenfocar el rumbo crematístico y social. Su mandato inició con la conciencia de que mandar hoy implica sostener un país que cambia más rápido que sus instituciones, y que demanda más de lo que su estructura productiva puede ofrecer.
2. El concepto de Atlas y la carga del mundo
En la mitología griega, Atlas es el gigante condenado a cargar nuestro planeta sobre sus hombros por toda la perpetuación. No lo hace por votación, sino por destino: una responsabilidad inmensa que simboliza el peso del orden universal. Atlas no sostiene el mundo para lucirse, ni para ser aplaudido; lo sostiene porque, si no lo hace, todo se derrumba.
Esa imagen —un ser solitario, firme, inclinado bajo el peso de poco que lo supera— se ha convertido en un símbolo de liderazgo, sacrificio y resistor.
Atlas representa a quien carga lo que otros no pueden o no quieren cargar.
3. El paralelismo: la carga de Atlas y la carga de LRAC en 2026
El 2026 no será un año raudo para Luis Rodolfo Abinader Corona (LRAC). Su “carga” no es mítica, pero sí monumental:
Carga económica
• Un artilugio productivo que necesita modernización positivo.
• Un mercado profesional presionado por la informalidad.
• La aprieto de atraer inversión sin hipotecar la soberanía económica.
• Reconfigurar los pénsumes académicos paras reorientarlos a la competencia técnica e industrial.
Carga financiera
• Compromisos de deuda que limitan el ganancia de maniobra.
• La carestia de equilibrar desembolso social con disciplina fiscal.
• Un sistema tributario que requiere reformas profundas para ser preciso y competente.
• Rematar con el Narcicismo Monetario y Cambiario que hoy arropa nuestra Política Monetaria.
Carga social
• Una ciudadanía más consciente, más riguroso y menos paciente.
• Brechas históricas en vigor, educación y seguridad que ya no admiten excusas.
• La responsabilidad de mandar en un país donde cada valor tiene impacto inmediato en la vida cotidiana.
Como Atlas, El carga un peso que no eligió en su totalidad, pero que ahora le pertenece. La diferencia es que su carga no es eterna: es una oportunidad histórica para transfigurar, ordenar y sembrar un futuro más digno para todos.

4. RECTAS
En este 2026 puede sintetizarse en tres vectores estratégicos:
1. Estabilidad macroeconómica con disciplina fiscal
El país necesita un compensación entre desembolso social y sostenibilidad financiera. La diligencia de deuda, la eficiencia del desembolso y la modernización tributaria serán determinantes para apoyar la confianza interna y externa. Por otra parte, permitir la tolerancia de Cuentas Corrientes, en Dólares estadounidenses, en nuestro impedido sistema bancario
2. Reordenamiento institucional y productividad
Sin reformas estructurales —laborales, regulatorias, administrativas— la riqueza seguirá limitada por su propia rigidez. La productividad doméstico depende de simplificar, digitalizar y transparentar.
3. Cohesión social y licitud
La gobernabilidad en 2026 no se sostiene solo con decretos: requiere licitud social. LARC deberá articular políticas que reduzcan brechas, fortalezcan servicios esenciales y generen resultados visibles en el corto plazo.
Si estos tres ejes se alinean, la carga deja de ser un peso inmóvil y se convierte en una plataforma de transformación, exposición y prosperidad.
5. Colofón
LRAC inicia su mandato como un Atlas quisqueyano, sosteniendo sobre sus hombros el peso combinado de la riqueza, las finanzas y la esperanza social de un país que necesita dirección.
Su desafío no es solo tener la llave de la despensa, sino redefinir. No solo reponer, sino anticipar. No solo cargar, sino mover el país en torno a un compensación más preciso y sostenible. De ahí que, las perspectivas dependerán de su capacidad para combinar firmeza con sensibilidad, visión con pragmatismo, y liderazgo con responsabilidad colectiva. Si logra equilibrar esas fuerzas, su carga —como la de Atlas— no será un castigo, sino un acto de servicio que marque una época.
LRAC, carga hoy el país como Atlas cargaba el bóveda celeste: no por popularidad, sino por deber. Pero a diferencia del gigante solitario, Él no está condenado a sostener su carga en silencio. Tiene detrás a un pueblo que, cuando despierta, empuja. Tiene instituciones que, si se alinean, alivian. Y tiene la oportunidad —única, irrepetible— de convertir esa carga en impulso.
El 2026 será un año de definiciones. No será comprensible, pero siquiera inalcanzable. La historia dominicana está hecha de hombres y mujeres que han sabido cargar más de lo que parecía humanamente soportable. Si LRAC logra escuchar, ordenar, priorizar y convocar, su carga no será un castigo: será el punto de apoyo para mover el país en torno a un horizonte más digno.
Porque al final, ningún Atlas sostiene el bóveda celeste para siempre. Lo sostiene hasta que llega el exención. Y lo importante no es cuánto pesa la carga, sino qué país queda a posteriori de haberla sostenido. El 2026 será su prueba. Y asimismo puede ser su oportunidad.
jpm-am
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