El autor es periodista. Reside en Santo Domingo
Por Eddy Pereyra Ariza
El mensaje es una idea corta que deseamos transmitir. Así que, para fijar la dirección, el propósito y los objetivos de un mensaje, lo mismo que el contenido específico de los datos o ideas que se quieran difundir, es conveniente adoptar una comunicación estratégica. Esta afinidad no solo permite influir en la opinión pública y construir una reputación sólida, sino que todavía ayuda a alinear las acciones con las finalidades planteadas.
Las estrategias pueden aplicarse en cualquier acto de comunicación, ya sea en contextos personales o mediáticos con la finalidad de persuadir, fomentar relaciones positivas o resolver conflictos de modo efectiva.
Pero todavía, la táctica como plan de descrédito, puede estar orientada a dañar reputación,credibilidad, la
Desacreditar a un funcionario en los medios de comunicación convirtiendo un descuido no agonizante en desliz agonizante, es un proceso que puede incluir varias tácticas revestidas de investigación con presuntos testigos y supuestas pruebas que confunden a cualquier ciudadano global e incluso a personas pensantes, especialmente cuando se crea una corriente de opinión.
Evidentemente que ese tipo de información genera una presión psicosocial que se acentúa con la promoción de intereses particulares y sectores políticamente opositores que sin duda alguna aprovechan la situación del cachete de objetivo, para alterar el impacto emocional en la población.
Teun van Dijk, analiza cómo el discurso de descortesía se usa en la política comunicacional para descalificar, ridiculizar y humillar oponentes, afectando su credibilidad y calidad pudoroso.
A nivel universal, internamente del arte de desacreditar en la comunicación estratégica, suelen planificarse siguiendo ciertos modelos habituales:
Primero se decide a quién se quiere afectar y por qué: rival político, patrón, figura pública.
Luego se identifican debilidades
En tercer emplazamiento, crean rumores o fragmentos de información como mensaje no confirmado, que puedan circular boca a boca. En ocasiones se usan hechos reales sacados de contexto; otras veces se difunden medias verdades o directamente falsedades.
El próximo paso es construir un relato, es opinar, una narración estructurada, generalmente breve y concisa, que cuente una serie de eventos reales o ficticios mediante el jerga. No se lanzan datos sueltos, sino una novelística que conecte todo.
Ejemplo representativo: “Esta persona es incompetente”, “no es confiable”, “es corrupto”, hizo esto o aquello, etc.. El propósito es que el manifiesto recuerde una idea simple. No importa que sea inverosímil, increíble, improbable o ilógico. Mencionar nombres y mostrar constituyen en sí, un atrayente de valoración emocional
Además, los estrategas de campañas de descréditos, coordinan en cuales medios colocarán la denuncia, el mensaje o la investigación, dependiendo del radio que se quiera o los posibles de que dispongan. Lo importante es obtener, audiencia, tráfico, gratitud, posición o billete.
En ocasiones utilizan los bots, (iniciales de «robots») que representan una parte significativa del tráfico web, los cuales son aplicaciones de software programadas para realizar tareas automáticas, repetitivas y predefinidas en Internet a gran velocidad, a menudo simulando el comportamiento humano.
Hoy las redes sociales permiten “viralización” lo que hace que el mensaje sea más factible. A ello se le suman, influencers y opinantes.
En estas estrategias lo importante es que la muchedumbre crea poco aunque no haya pruebas contundentes o el posible error del funcionario, empresa o persona no sea significativo. La percepción puede ser más poderosa que la efectividad hasta el punto de que la opinión universal creada es la que influye en la condena social. Lo que importa para los patrocinadores de las campañas de descrédito, es sustentar el miedo colectivo, pulsar la atención y hacer negocios, independientemente de que afecte a personas, familias o la democracia con sus derechos fundamentales.
Para ello, solo sería necesario, seguir alimentando a la sociedad de lo desleal y convertir el mensaje en un espectáculo mediático. Pero gracias a Dios, internamente de la visión esperanzadora de Julio Martínez Pozo, el fin de esa etapa del descrédito sin expediente consistente sólido, se está aproximando.
JPM
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