Los jóvenes nacidos en el siglo XXI, los conocidos como la engendramiento Z y la Alfa, la inmediatamente posterior, apuestan por armarios compartidosun distracción en el que tú me dejas, yo te dejo, que trasciende el ropero deudo, con lo que crean un armario infinito.
El armario compartido, que ha sido hasta ahora una cuestión deudo; las llamadas “prendas heredadas“, piezas en buen uso que pasan de hermanos mayores a los más pequeños, continúa siendo una máxima en todos los entornos.

Juan Ferrando, director del Extremo de Diseño de Moda de la española Universidad Nebrija, confirma a EFE que advenir prendas en el ámbito deudo siempre ha sido frecuente.
“La ropa iba en escalera, tanto la de diario como la de los fines de semana, incluso los uniformes“, y recuerda que todavía su hermana y sus amigas tenían esa costumbre cuando se trataba de comparecer a eventos especiales.
Un compartir generacional
Una herencia, “fiel”, es habitual entre madres e hijasespecialmente cuando se negociación de complementos o prendas de gran calidad, que trascienden el tiempo y las modas.
Bolsos de Dior, un pañuelo de Hermès, una chubasquero de Burberry, ese fondo de armario intergeneracional y con historia pasa de una mano a otra internamente de casa.

Incluso transmitido el caso, si las tallas son similares, las adolescentes asaltan en el día a día el ropero de su progenitora y sus hermanas en averiguación de amplios jerseys de grapa, blusas accesorios.
Ferrando apunta a que la conciencia de ser sostenibles vuelve a poner de moda el intercambio de prendas.
“En oficio de entregar en plataformas de segunda manola reutilización se ha convertido en una opción”, especialmente cuando se negociación de comparecer a eventos como una boda, una primera comunión o una cena de empresa y en el caso de los más jóvenes una fiesta de tinieblas.
“Es una guisa de no trastornar en prendas muy formales, normalmente de precios elevados“, que a la larga tienen poco uso, detalla Ferrando, “y así se evita acumular prendas en el armario“.
Una fusión que se multiplica cuando hablamos del intercambio entre amigas. “Compramos la ropa que más nos gustano pensamos en combinar los armarios“, admite Celia que, a sus 16 primaveras, cede ropa y toma prestada de su asociación de amigas.
Las italianas Betta y Anna aseguran que todavía siguen la misma secuencia. “Nos gusta cambiar y así no invertimos tanto” en modareconocen.
¿Sostenibilidad o apariencia?
En la misma franja de permanencia, Inés asegura que se negociación de echar imaginación a su bajo presupuesto. “Sostenibilidad? No es lo que más nos mueve, pero sí la tenemos en cuenta”, aunque reconoce que su principal motivación es que su armario parezca más amplio.

En el caso de las generaciones más jóvenes, con una vida social activa y festiva, Ferrando argumenta que la apariencia adquiere mucho valencia.
“Dice mucho que los encuentros sean para tomarse fotos con estilismos supertrabajadosimágenes de aspirantes a prescriptoras con las que quieren crear la idea de armario infinito“, subraya.
Una actividad sobre la que Ferrando reflexiona en cojín a dos puntos de perspectiva contrapuestos.
Por un costado, una lección positiva vinculada a la sostenibilidad dando una segunda vida a las prendas y otra negativa, relacionada con el hecho de poner mucha atención en el físico“en representar tener más que lo que tengo”, un aspecto en el que las redes sociales tienen mucha influencia.






