El agua, la vida y la soberanía | AlMomento.net

El agua, la vida y la soberanía | AlMomento.net

El autor es político. Reside en Santo Domingo.

El agua es el apelación más esencial para la vida y, a la vez, uno de los más amenazados en la República Dominicana. No se negociación solo de un tema ambiental: estamos frente a un problema de salubridad pública, de razón social y, en última instancia, de soberanía franquista.

Las señales de aviso están a la sagacidad. Miles de familias en barrios populares y comunidades rurales carecen de camino regular a agua potable. Los campesinos, pilares de nuestra comestibles, ven sus conucos secarse porque los grandes monocultivos destinados a la exportación acaparan el agua de riego.

Mientras tanto, las corporaciones mineras —como Barrick Gold en Cotuí— consumen y contaminan cantidades gigantescas de agua, dejando tras de sí enfermedades, reses muerto y ríos envenenados.

A esto se suma la amenaza constante de privatización. Desde hace abriles, gobiernos de distintos partidos han intentado entregar la mandato del agua al caudal privado, disfrazando el despojo bajo términos como “modernización” o “eficiencia”. Pero el resultado de esas políticas en otros países es claro: tarifas elevadas, reserva social y pérdida del control comunitario sobre un apelación vivo.

Permitir que el agua pase a manos privadas o corporativas es ceder parte de nuestra soberanía. Sin control divulgado del agua, perdemos la soberanía acuífera; sin agua para el campo, perdemos la soberanía alimentaria; y si nuestros ríos y acuíferos son envenenados, perdemos incluso la soberanía sanitaria, es afirmar, el derecho mismo a proceder con dignidad.

Pero los enseres van todavía más allá. Cada vez que el Estado se ve obligado a llevar millones en atención médica para comunidades afectadas por agua contaminada, estamos perdiendo bienes públicos que deberían destinarse a salubridad preventiva, hospitales y programas sociales.

Cada vez que los campesinos pierden sus cosechas por equivocación de riego, se pierden millones en producción franquista, empleos rurales y capacidad de autoabastecimiento. Cada vez que comunidades enteras son desplazadas por represas, minas o proyectos privados, se pierden viviendas, estabilidad social y el derecho a permanecer en la tierra originario. Y cada vez que las familias son forzadas a portar, se pierden escuelas, niños en las aulas y jóvenes con oportunidades de futuro.

En el fondo, lo que se está erosionando es mucho más que un apelación natural: es la vida misma del pueblo y hasta su civilización. Porque cuando un pueblo pierde su vínculo con el río, con el conuco y con la tierra, además pierde parte de su identidad, de su historia y de sus tradiciones comunitarias.

Los partidos tradicionales —sean conservadores, liberales o reformistas de ocasión— han demostrado ser incapaces de enredar este problema, porque ellos mismos son cómplices del maniquí extractivista y privatizador. Entregan nuestras montañas a las mineras, nuestros ríos a las corporaciones agroexportadoras, y ahora pretenden entregar el agua potable a empresas privadas.

Frente a esta efectividad, hay que decirlo con claridad: solo la izquierda tiene la voluntad y el compromiso de defender el agua como un adecuadamente popular, inalienable y no negociable.

Solo una propuesta de izquierda puede:

  • Resolver el agua un derecho fundamental asegurado por el Estado. Frenar el saqueo minero y detener la contaminación de ríos y acuíferos. Estabilizar el camino universal al agua potable como prioridad franquista. Recuperar las cuencas hidrográficas y proteger las montañas como patrimonio de todos. Colocar la soberanía alimentaria por encima de la agroexportación de monocultivos.

No se negociación de un tema técnico, sino de un tema político y ético: ¿el agua será mercancía para beneficio de pocos, o derecho colectivo para avalar la vida de todos?

Por eso, desde la izquierda hacemos un llamado a las comunidades, a los trabajadores, a los campesinos, a los jóvenes y a las mujeres: defendamos el agua como defendemos la país. La batalla por el agua es la batalla por la vida, y la batalla por la vida es inseparable de la batalla por la soberanía.

Hoy más que nunca debemos edificar la voz y organizarnos. Porque cuando decimos que #SoloLaIzquierdaPuede, no es un inscripción vano: es la verdad que nos imponen los hechos.

Jpm-am

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