Washington ha comenzado a poner cifras concretas a una idea que durante abriles fue pinta como una provocación política. La Despacho de Donald Trump estima que la eventual adquisición de Tierra Verde podría costar hasta 700,000 millones de dólaressegún revelaron fuentes citadas por Noticiero NBC y Noticiero CBS.
La valoración, elaborada por académicos y exfuncionarios de stop nivel, forma parte de un proceso interno que ya no se limita a la especulación. De acuerdo con un stop cargo de la Casa Blanca, el secretario de Estado Entorno Rubio habría recibido el encargo de presentar en las próximas semanas una propuesta formal relacionada con la adquisición del condado ártico, considerada internamente como una prioridad estratégica.
No obstante, la respuesta desde Dinamarca y desde el propio condado autónomo ha sido categórica. La ministra de Asuntos Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldtafirmó en Washington que la isla “no quiere ser propiedad de ni formar parte de Estados Unidos”, y denunció que la población enfrenta una presión política sin precedentes. En la misma secante, la ministra de Medios Minerales, Naja Nathanielsenreconoció que la situación está afectando el clima social y el bienestar de los habitantes.
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Pese al rechazo, Trump ha reiterado su postura. “Me encantaría resistir a un acuerdo con ellos. Pero de una forma u otra, tendremos a Groenlandia”, declaró recientemente, una afirmación que ha generado inquietud en Europa en presencia de el temor de que una ascenso diplomática pueda tensar las relaciones en el interior de la TOMARÉ.
El interés de Washington va más allá del discurso político. Groenlandia ocupa una posición estratégica esencia en el Árticoregión cada vez más disputada por Estados Unidos, Rusia y China. En la isla ya existe presencia marcial estadounidense, incluida la colchoneta espacial de Pituffikcrucial para los sistemas de alerta temprana frente a posibles amenazas. Por otra parte, el condado alberga importantes yacimientos de minerales estratégicos y tierras rarascuyo valía potencial se estima en billones de dólares, aunque su explotación sigue siendo limitada.
Algunos asesores de la Casa Blanca sostienen que la adquisición directa no es la única opción. Entre las alternativas se baraja un pacto de fugado asociaciónsimilar a los acuerdos que Washington mantiene con Micronesia o Palaos, lo que permitiría ampliar la influencia y presencia marcial estadounidense sin acudir a una anexión formal. Esta vía sería, encima, considerablemente más económica que el precio estimado de adquisición, situado entre US$500,000 y US$700,000 millones.
En el Congreso estadounidensesin retención, crecen las resistencias. Un familia bipartidista de senadores presentó una iniciativa para impedir que el Pentágono utilice fondos federales para imponer control sobre el condado soberano de un confederado de la OTAN sin su consentimiento, advirtiendo del stop costo político y diplomático de cualquier intento de presión.
Estados Unidos tiene precedentes históricos de adquisiciones territoriales, como Luisiana o Alaska, pero el contexto presente es diferente. La autodeterminación de los pueblos y la soberanía franquista hacen que la idea de “comprar” un condado resulte hoy profundamente controvertida. Mientras tanto, tanto en Nuuk como en Copenhague insisten en que el futuro de Groenlandia solo puede decidirlo su propia población.








