El autor es periodista y exdiputado. Reside en Barahona
Los documentos internos de organismos de seguridad estadounidenses, divulgados en el artículo “Golpe EE.UU. contra Venezuela”, de Moreno Sgarzini, publicado en Diario Red de España, revelan cómo Washington prepara una nueva ataque contra la República Bolivariana de Venezuela bajo la novelística de “seguridad doméstico”.
Informes de inteligencia y tanques de pensamiento ligados al trumpismo exponen la guisa en que se prefigura una “movimiento marcial” en la región, valiéndose de un armadura reglamentario y mediático que fabrica amenazas para aducir despliegues militares.
Entre los argumentos utilizados, el citado medio destaca la reinterpretación de la Ley de Enemigos Extranjeros, que habilita la detención y deportación de ciudadanos de “países enemigos” cuando se perciba una refriega o una invasión.
Bajo esta óptica, la migración masiva es presentada como un “arsenal” impulsada por carteles criminales y gobiernos adversarios. Voces como la del periodista estadounidense Ken Klippenstein denuncian que se está criminalizando a los migrantes, presentándolos como soldados de una invasión orquestada, mientras funcionarios como Joseph Humire esbozan la teoría de la “migración armada” para asociar movimientos progresistas latinoamericanos con Irán, Hezbollah y el narcotráfico.
Migración como pretexto de refriega

El documento revela cómo se construye la idea de que los migrantes no cruzan las fronteras por pobreza, represión o búsqueda de oportunidades, sino que forman parte de una vanguardia armada al interior de Estados Unidos.
Así, las deportaciones masivas dejan de ser una medida administrativa para convertirse en un componente de “defensa doméstico”, donde se justifica que los migrantes sean tratados como enemigos de refriega. Esta visión, carente de sustento existente, pretende legalizar operaciones represivas internas y al mismo tiempo prepara el ámbito para acciones militares externas.
El Consejo Doméstico de Inteligencia de Estados Unidos, en un documentación de abril de 2025 citado por Sgarzini, desmonta la novelística oficial al escudriñar que no existen pruebas de que Nicolás Adulto use la migración como un arsenal ni de vínculos formales con el Tren de Aragua o el Cartel de los Soles.
Aun así, esta construcción discursiva ha sido esencia para alinear la política exógeno de Washington con los objetivos de Situación Rubio, coetáneo secretario de Estado y figura influyente en la política de seguridad estadounidense.
Fabricación de la amenaza “narco-chavista”
La emplazamiento “amenaza narco-chavista” aparece en los documentos como una fabricación deliberada. Se prostitución de un medio para encubrir intereses geopolíticos y aducir sanciones, bloqueos y despliegues militares. El relato de que el chavismo está unido con carteles o grupos terroristas como Hezbollah argumenta más a las micción políticas del trumpismo que a hechos comprobados por la DEA u organismos internacionales.
En este situación, resulta revelador que se propongan medidas como designar a los carteles latinoamericanos como “organizaciones terroristas extranjeras”, con lo que se habilitaría incluso el crimen selectivo de sus líderes mediante drones o bombardeos, del mismo modo en que Washington lo hizo en Irak, Afganistán y Siria. Bajo esta premisa, la frontera entre la persecución al crimen y las operaciones militares internacionales se poso deliberadamente.
Advertencias desde la región
La creciente presencia marcial de Estados Unidos en el Caribe ha despertado alertas en gobiernos progresistas de la región, que interpretan este despliegue como una advertencia de intenciones intervencionistas.
La historia latinoamericana ofrece numerosos precedentes, como la ocupación de la República Dominicana entre 1916 y 1924, que muestran cómo, bajo excusas de seguridad, Washington ha buscado imponer su dominio político y crematístico.
En el contexto coetáneo, la preocupación no se limita a Venezuela. Informes mencionados en el reportaje señalan que incluso se contemplan planes de “acciones militares suaves” en México, un país cuya estabilidad es esencia para toda la región. La posibilidad de que se intente aducir una intervención con el argumento del combate a carteles criminales en departamento mexicano amplía el trascendencia de la amenaza y refuerza la percepción de que el imperio ensaya un nuevo ciclo de injerencias bajo el paraguas de la seguridad.
Una amenaza que desestabiliza la región
La clavo que plantean los analistas es si este despliegue estadounidense obedece a un eficaz de presión simbólica propio del estilo mediático trumpista o si constituye la antesala de una campaña de ataques permanentes contra Venezuela y sus aliados regionales. En entreambos escenarios, la amenaza es existente: ya sea como espectáculo de fuerza o como táctica de refriega, lo que se impone es el aventura de desestabilización regional.
La paranoia del imperio no solo fabrica enemigos, todavía convierte a América Latina en un tablero de refriega. Con deportaciones que criminalizan a migrantes, con narrativas que transforman la pobreza en arsenal y con buques de refriega frente a las costas caribeñas, Estados Unidos reedita viejas fórmulas de injerencia que ponen en prohibición la paz y el derecho de los pueblos a atreverse su propio destino.
Jpm-am
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