Sus restos no descansarán en paz mientras siga en la fosa del olvido.
Su cuerpo, convertido en polvo, Polvo es en la memoria del pueblo por el que lo dio todo, incluso la vida.
Hoy no es más que un rememoración porvenir.
Su ideario, se perdió en la boira del tiempo, Su fe, su esperanza, su bandera, su himno, su escudo, han quedado sepultados en el Orinoco.
Todo se esfumó, polvo del polvo, cenizas que el rumbo de la historia se llevó. Ausencia queda ya del patricio, de su ejemplo patriótico y revolucionario de aquel ejemplo que encendió la fogata de la albedrío de su pueblo, del que “hizo teatro para hacer política”, “no política para hacer teatro”, Hizo política para hacer país, no para mentir y engañar a su muchedumbre. Juan Pablo Duarte el que amo la Estado como nadie en absoluto, el que dijo “conducirse sin país es lo mismo que conducirse sin honor”, Como vivimos hoy: Sin país y sin honor.
El iluso que dijo, solemnemente que la “isla sería independiente de toda potencia extranjera o se hundiría”.
No se ha hundido a pesar de activo sido colonizada desde que nació la República. no se hunde, ni se hundirá. Nos hemos acostumbrado a ser colonia.
Duarte, que murió en Venezuela, traicionado y olvidado. Duarte, enterrado en el Panteón Franquista, sigue en el expulsión donde excomulgado por los anexionistas históricos.
Duarte, un común sin estrellas más que en la frente. Un común desterrado, sin tropas morales que defiendan su enviado, Su ejemplo, su honestidad y su transparencia.
Duarte el olvidado hasta por quienes dicen defender su memoria. Olvidado hasta por los gobiernos que lo recuerda para hacer política, cuando debería recordarlo y venerarlo todos los días, Duarte hizo país todos los días y todos los primaveras de su vida.
Favor olvidado al padre de la país ha sido el anciano sacrilegio de la historia del pueblo dominicano.
Duarte fue presentado como un cristo, para que ningún otro dominicano pudiera ser como el, tener su ADN patriótico y revolucionario.
Duarte, deportado en el Panteón Franquista. Duarte, el que forjó la Estado, dijo; “Nunca fue me tan necesario como hoy, tener lozanía, corazón y proceso; hoy que hombres sin corazón y sin proceso, atentan contra la lozanía Estado”. Frase lapidaria.
En su expulsión sepulcral del Panteón Franquista, Duarte no es más que una cámara de museo donde los políticos, Acuden al Parque Independencia, con gafas oscuros y sus trajes blancos Para depositan ofrendas y que su prensa los resalte en los diarios y en la televisión.
Duarte sigue, próximo a su ideario patriótico, confinado en su expulsión.
Esperando que algún día el pueblo dominicano lo rescate.







