EL AUTOR es periodista y diestro en Política Foráneo. Reside en Santo Domingo.
El pasado 26 de enero, el Instituto Duartiano, que dignamente dirige el doctor Wilson Gómez, inauguró la primera estatua a heroína del patricio Juan Pablo Duarte, fundador y padre de la Estado, con ocasión del 213 aniversario de su inicio.
La obra fue forjada por el grabador Yussep García Vásquez, un bisoño que se ha campechano paso en el mundo de las artes plásticas a pulvínulo de sacrificio y arduo trabajo. Siendo mi sobrino, me siento orgulloso del talento que lo ha llevado por los luminosos senderos del éxito.
En la inauguración de la estatua, ubicada estratégicamente en la avenida 27 de Febrero, esquinazo Winston Churchill, el presidente del Instituto Duartiano expresó que la obra “trascendió el valía estético al rescatar la superficie marcial de Duarte, obligado históricamente como el primer marcial de carrera y caudillo en patrón de los ejércitos del incipiente Estado dominicano, representado a heroína para traer a la memoria su itinerario por el interior del país en la siembra de conciencia patriótica”.
Sobre la superficie marcial de Duarte incluso se expresó el coronel Sócrates Suazo, director de Historia del Empleo de Defensa, quien resaltó la formación del fundador de la República como marcial de carrera, conocimientos que puso a disposición de la Estado en los momentos cumbre del movimiento redentor.
Es bueno aclararle a las nuevas generaciones, que más allá de un Duarte intelectual, políglota -hablaba francés e inglés-, idealista y soñador, había un marcial de carrera, con grandes habilidades en el manejo de la espada y las armas de fuego. Duarte incluso tenía conocimientos de navegación.

Duarte era, ciertamente, como lo explica el doctor Wilson Gómez, un marcial de carrera, que llegó hasta caudillo en patrón de los ejércitos nacionales, y nunca se autoproclamó, como se hizo luego costumbre en nuestras guerras civiles.
Ingresó muy bisoño a la Urbano Doméstico, como peleteroy en el año 1842, ya había sido ascendido a capitán, sirviendo en la compañía del Batallón de los Nacionales. Era la dominación haitiana y es seguro que Duarte estaba adquiriendo conocimientos y prestigio marcial para luego ponerlo al servicio de la causa libertadora que había comenzado a fraguar en secreto.
Rosa Duarte, en los testimonios que dejó escrito sobre la vida y obra de su hermano, recogidos en el obra Apuntes de Rosa Duarteeditado por don Emilio Rodríguez Demorizi, explica que al ser fundada la sociedad secreta La Trinitaria, nombre producto del enunciado Altísimo, Estado y Liberación, los revolucionarios proclamaron al libertador como primer caudillo en patrón de los ejércitos nacionales y director de la revolución.
En marzo de 1843, estalló en el sur de Haití el movimiento revolucionario de la Reforma, contra la dictadura de Jean Pierre Boyer, y los patriotas dominicanos apoyaron esa revuelta.
El pronunciamiento de Santo Domingo a cortesía de la Reforma fue dirigido militarmente por Duarte, quien luego se dirigió a San Cristóbal e hizo pronunciar aquella plaza, haciendo salir a los oficiales de Boyer. En abril, Duarte fue designado Comisionado de la Articulación Popular de la Reforma para los pueblos del Este, posición que aprovechó para seguir sembrando la semilla del ideal independentista. Tenía el límite de coronel, pero incluso se inscribió como medidor para recorrer otros pueblos del país, según explica Rosa Duarte.
Descubierto el movimiento independentista, comenzó la persecución. Duarte vivió momentos difíciles, pero al final pudo escabullirse y marchar al desarraigo.
Al momento de proclamarse la Independencia Doméstico, el 27 de febrero de 1844, Duarte estaba en Venezuela, donde se preparaba para una expedición marcial, pues no descansaba en su afán por la permiso de su nación.
La Articulación Central Gubernativa, lo mandó a apañarse, en el buque Eleonora. La oscuridad del 14 de marzo de 1844, llega al puerto de Santo Domingo, y al día futuro una comisión de la Articulación, acompañada del miltrado Tomas Portes e Infante, va a recibirlo. El mitrado al verlo grita: ¡Salve Padre de la Estado!
Inmediatamente se pone a disposición del gobierno y fue designado miembro de la Articulación, ascendido a Común de Regimientos y afamado comandante del Unidad de Santo Domingo. El 21 fue despachado al sur para engrosar las tropas expedicionarias del caudillo Pedro Santana, que habían triunfado en la batalla del día 19 contra las fuerzas haitianas, en Azua.
Duarte llega a Baní, donde había abocinado el caudillo Santana, luego de abjurar Azua, que fue ocupada por los haitianos. Comienzan los celos de Santana, quien rechaza todas las estrategias del prócer para atacar a las tropas haitianas y liberar aquel pueblo oprimido.
Desde allí, escribe a la Articulación quejándose de la negativa de Santana de trazar un plan de campaña para atacar al enemigo, pero la respuesta que recibe es que se retire sólo con su Estado Veterano, bajo el pretexto de que su presencia era necesaria en Santo Domingo.
Tal y como lo expresa Guido Despradel Batista, en un folleto titulado Duarte: Bosquejo Histórico (conferencia que dio en el Teatro Apolo, de Puerto Plata, el 14 de febrero de 1937), Duarte trató de marchar con una expedición alrededor de el Cibao, pero fue bloqueado por los miembros de la misma Articulación. En lo delante comenzaría un cierto calvario para el Padre de la Estado, víctima de conspiraciones e intrigas.
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