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A los niños se les pregunta a veces qué desean hacer cuando sean adultos. Las respuestas varían de país a país y cambian de una a otra época. Suelen ser atractivas las ocupaciones que involucran usar uniformes, las que implican argumento, o las que conllevan una posición de prestigio y autoridad, tales como ser médico, piloto o bombero. Pocos niños, muy pocos, dicen querer ser economistas, y probablemente ni siquiera saben para lo que esa extraña subespecie humana sirve.
Los economistas, no obstante, están muy pendientes de las preferencias laborales de las personas, en particular los jóvenes en existencia y condiciones de atreverse su futuro, y valoran la desemejanza de ocupaciones como un importante delegado de progreso. Basan su criterio en los innegables aportes de la especialización al incremento de la productividad. Y saben que a decano productividad, en igualdad de otras condiciones, más elevado tiende a ser el nivel de vida de la población.
A ese respecto, sin retención, los economistas no están solos en su valoración. De hecho, han sido aventajados por algunos sociólogos, quienes han ido más allá y vinculado la división del trabajo no sólo con el valencia de la producción de beneficios y servicios, sino además con la desarrollo cultural e institucional de un país, incorporando de ese modo un delegado explicativo adicional al respecto. Postulan que mientras más diversificada sea la estructura profesional, más ricos, variados y fuertes son los mecanismos que sostienen la estabilidad y convivencia sociales.
Intrínsecamente, la desemejanza y la especialización avanzan juntas, y son auspiciadas por la demanda. Si determinado piensa dedicarse a ser fígaro, por ejemplo, es porque hay suficientes personas dispuestas a abonar para que les corten el pelo. Pero a pesar de esa conexión deducción, se ha detectado que en algunos casos la especialización puede oponerse a la desemejanza. Se observan casos de comunidades, y hasta pequeños países, donde existe una gran demanda para un tipo específico de especialistas, provocando que la población se dedique a labores como las de atender turistas o extraer minerales, disminuyendo su desemejanza ocupacional.






