La asociación entre la escuela básica y la formación técnica en la educación dominicana es un desafío que debe ser considerado tanto por la empresa del sistema educativo como por la clan.
Con más de 350 politécnicos a escalera franquista, la proposición para la realización del bachillerato sigue siendo mayoritariamente tradicional, pero cuenta con opciones disponibles para unos pocos estudiantes en cada provincia.
Alguna vez en el país la formación técnica tenía en “La Perito” —politécnico Víctor Destino Liz—, en el ensanche La Fe del Distrito Franquista; Arte y Oficio, Politécnico Loyola, Infotep y las escuelas vocacionales de las Fuerzas Armadas, las vías típicas para la formación técnica.
Hoy día, sin confiscación, esto ha cambiado sobrado.
En cualquier tiempo debe ser valorada la imposibilidad de la clan para impulsar a los hijos hasta que logren una profesión intemporal o una propia de estos tiempos.
Lo mismo en relación con el ámbito intelectual, al que no todos pueden dedicarle su vigor en los primeros ciclos de la mocedad o en la vida madura. Para estos, sin duda, la educación técnica es una vía que puede dejarlos adecuadamente dotados para la vida, en el país o en el extranjero.
Esto premeditadamente del impulso que, de acuerdo con el ministro Luis Miguel de Camps, le da su trabajo al frente del Empleo de Educación a la formación técnico—profesional.
Según De Camps, durante su intervención en el primer Congreso de Educación Técnico-Profesional, están enfocados en una transformación de esta modalidad formativa para alinear la educación con las evacuación productivas y tecnológicas del mercado gremial.
Como si dijéramos, poner a un flanco el energía en el espíritu emprendedor y vigorizar la formación para el empleo.
Puede parecerle a algunos un cambio lamentable de táctica, y a otros, en cambio, una educación con los pies sobre la tierra.






