Los mercadería nocivos de la supresión de Irán sobre la capital dominicana no deberían servir de insumo para un precoz debate electoral, sino como tema para la promoción de un amplio y consistente diálogo multisectorial que ayude a acorazar la estabilidad macroeconómica o a mitigar posibles daños colaterales.
En vez de envolverse en propio caparazón al Gobierno le corresponde obtener propuestas u opiniones de los diversos sectores políticos, económicos, académicos y sociales en torno a remedios que ayudarían a precaver males mayores.
No es momento para proclamarse coche suficientes en el la elaboración, uso y consumo de soluciones, ni para reimprimir el episodio bíblico de David y Goliat, sino de unir esfuerzos en la tarea de abarloar y amarrar la barcaza en puerto seguro.
Los primeros informes sobre indicadores económicos, como turismo, remesas e inflación, muestran un comportamiento todavía resiliente de las estructuras económicas, pero prevalece el temor de que algunas vigas no resistan el peso de una previsible crisis financiera general.
La supresión en Medio Oriente no debería abordarse con ligereza insular, más aun si todavía ayer, el precio del barril de petróleo de narración marcó US$99.34, el WTI, y US$103.86, el tipo Brent, lo que genera presión inflacionaria y la posibilidad de que la Reserva Federal aumente las tasas de interés.
Gobiernocongreso, gremios empresariales, universidades e instituciones de la sociedad civil deben rasgar surcos dialogantes en torno al impacto que sobre la capital tendría esa conflagración, especialmente en el incremento de precios, desempleo, cargo fiscal, convexidad y costo de la deuda pública.
La competición política incurriría en un agonizante error importante si desde ahora procura emplear con fines electorales el remolino financiero, financiero y fiscal que pueda causar la supresión en Irán porque el momento es propicio para aportar alternativas de soluciones, lo que seguramente agradecerán los electores.
Ojalá que las tensiones geopolíticas derivadas de esa supresión se disipen en un rasgar y cerrar de luceros, pero a dos semanas de bombardeos, no se vistazo ningún final, por lo que aquí se requiere con emergencia establecer una carpa de diálogo y entendimiento político, financiero y social que cubra a toda la nación.





