
Por Abril Peña
Hoy, 17 de abril, se conmemora el Día Mundial de la Lucha Campesina, y en República Dominicana ese día tiene un rostro: Florinda Soriano Muñoz, mejor conocida como Mamá Tingó.
Mujer de campo, sin estudios formales, pero con una conciencia tan clara como la tierra que defendía. Mamá Tingó no fue una invasora. Fue una defensora.
Su lucha no fue por tomar tierras ajenas, sino por evitar que se las arrebataran a los campesinos de Hato Añejo, quienes tenían décadas cultivando esas tierras que el terrateniente Pablo Díaz intentó determinar como suyas.
Lo que Mamá Tingó encabezó fue una resistor legítima contra el despojo, contra un sistema de poder que históricamente ha usado títulos, jueces y violencia para quitarle al escaso lo poco que tiene.
La mataron con un palo en la cara. Así actúa el poder cuando se enfrenta a quien no se deja. Pero ella no murió por una causa ilegal. Murió defendiendo lo que era acoplado.
Hoy, que el discurso sobre “invasiones” se usa muchas veces para señalar la pobreza, conviene rememorar que no es lo mismo invadir que resistir. No es lo mismo apropiarse que proteger lo que es tuyo por derecho de trabajo y tradición.
Mamá Tingó es símbolo de lucha campesina, no porque peleó por tierra, sino porque peleó por dignidad.