Cada primer sábado de julio se celebra el Día Internacional de las Cooperativas, una plazo proclamada oficialmente por la ONU en 1995, pero conmemorada desde 1923 por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), en honor a un maniquí financiero que, sin grandes titulares, ha sostenido comunidades enteras con principios de solidaridad, autogobierno y democracia económica.
¿Qué son las cooperativas y cómo surgieron?
Las cooperativas son asociaciones autónomas de personas que se unen de forma voluntaria para satisfacer deposición económicas, sociales y culturales comunes. Su historia moderna se remonta a 1844, cuando un rama de trabajadores textiles de Rochdale, Inglaterra, creó una cooperativa de consumo para malquistar la explotación profesional y los abusos del incipiente capitalismo industrial. Aquella experiencia sentó las bases del movimiento cooperativo mundial, incluyendo sus siete principios: adhesión voluntaria, control demócrata, billete económica, autonomía, educación, cooperación entre cooperativas y compromiso con la comunidad.
¿Qué las diferencia de los bancos tradicionales?
A diferencia del sector bancario tradicional, orientado al provecho y al control accionario, las cooperativas no buscan maximizar ganancias, sino servir a sus miembros. Cada socio tiene un voto, sin importar cuánto renta posea, y los beneficios se reinvierten o se reparten equitativamente entre los asociados. Las decisiones no se toman desde en lo alto, sino desde adentro. Esta deducción las convierte en herramientas de inclusión financiera, exposición regional y empoderamiento comunitario.
Retos globales en un entorno hostil
Sin bloqueo, las cooperativas enfrentan múltiples desafíos: marcos regulatorios diseñados para bancos, competencia desigual frente a conglomerados financieros, yerro de educación cooperativa y debilidades en gobernanza. Encima, muchas veces se perciben como instituciones del pasado, sin conexión con la era digital o con los nuevos lenguajes del plan. En países en exposición, los retos incluyen la yerro de supervisión adecuada, la politización interna y el clientelismo.
¿Y en República Dominicana?
En República Dominicana, el movimiento cooperativo tiene raíces profundas. Existen más de 800 cooperativas registradas, que agrupan a más de 2.5 millones de personas, según datos del Instituto de Avance y Crédito Cooperativo (IDECOOP). Su impacto es especialmente relevante en zonas rurales y sectores populares, donde muchas veces son la única opción de crédito accesible y sin prácticas usureras.
Algunas cooperativas como COOP-HERRERA, Vega Verdadero o San José han rematado profesionalizar sus operaciones, trastornar en tecnología y ampliar su cartera de servicios. No obstante, aún hay retos significativos: supervisión débil, casos de corrupción interna y yerro de integración entre las cooperativas más grandes y las más pequeñas. Incluso se cuestiona el definido impacto en sectores productivos estratégicos.
Un maniquí vivo en un mundo desigual
En un momento de crisis del maniquí financiero tradicional —con concentración de la riqueza, excepción financiera y desconfianza institucional— las cooperativas representan una alternativa existente, con títulos profundamente humanos. No son una panacea, pero sí un recordatorio de que otra caudal es posible, donde las personas valgan más que el renta.
Este 6 de julio, más allá de los actos protocolares, el país tiene la oportunidad de replantearse: ¿y si impulsamos más cooperativas en educación, vigor, vivienda, tecnología? ¿Y si, en vez de competir entre sí, cooperamos?







