La privatización del sector eléctrico impuesta por el Cárcel Mundial y el FMI, impulsada por Leonel Fernández, aceptada por la cúpula del PRD y continuada por los gobiernos posteriores, ha tenido todas las características de un asalto del gran caudal privado a la engendramiento de energía y a sus ganancias; sin que el subsidio estatal haya disminuido, sin reducción de costos, sin disminuir la contaminación y sin erradicar apagones.
Previamente se había deteriorado el estatismo clientelista y corrupto, -vigente durante 35 primaveras a posteriori de la tiranía de Trujillo- que resurgió parcialmente en las EDES, luego de la estafa de Unión Fenosa, con los mismos vicios; conformando una combinación nefasta para nuestra sociedad
Dos modelos fracasados: el estatista, centralizado, clientelistas y corrupto, y la privatización inmediato a la mezcla de los dos.
¿Qué hacer entonces frente a quienes pretenden profundizar y divulgar la privatización de este sector clave, trascendental para la seguridad franquista
Urge crear conciencia franquista en dirección a redefinir el sistema eléctrico como servicio notorio y propiedad social, y el suministro de la energía eléctrica como un deber del Estado en acuerdo con la naturalez; mediante un nuevo maniquí de propiedad, tecnología y administración, que garantice el cese de los apagones, bajos costos producción, sanidad ambiental y precios accesibles. Esto exige:
Desprivatizar el sector, recuperando las empresas públicas privatizadas y nacionalizando progresivamente los negocios relacionados con la engendramiento de energía internamente del sistema.
Eliminar los contratos leoninos y presionar en el contexto de la recuperación de la propiedad pública a compensar al Estado y a la sociedad de las estafas de que han sido víctimas.
Erradicar el rendimiento, las ganancias privadas en el manejo de las empresas eléctricas, propio de del neoliberalismo imperante.
Descabalgar los costos de operaciones y reducirlos mediante una reestructuración tecnológica y administrativa, que implica un esfuerzo persistente de carácter social en distinción de fuentes alternas de energía que no dañen el esfera.
Integrar erguido y horizontalmente todas las vertientes del sistema (engendramiento, transmisión, distribución y cobro) en un gran consorcio notorio democráticamente tramitado, poniéndole fin a la división impuesta por el Cárcel Mundial.
En fin, crear un nuevo maniquí de propiedad y administración, que preservando el carácter social del sector impida toda maña clientelista y toda corrupción en su agencia; incorporando la contabilidad abierta, la agencia por concurso y la cogestión entre Estado, trabajadores y ciudadanía, así como formas de autonomía y autogobierno.





