
Desde el espacio de niño, el Núcleo de Escritores de la Región Noreste tiene el honor de imprimir el relación de Brasheily Hadith Mercado Contreras.
Brasheily Hadith Mercado Contreras, tiene 9 abriles, cursa el cuarto porción del Nivel Primario. Sus padres son: José Manuel Mercado De La Cruz y Luz Del Carmen Contreras Martíne.
El regreso de Naturia
Por Brasheily Hadith Mercado Contreras
Sheily era una pupila de nueve abriles, de fanales vivos como el rocío en la hoja al amanecer. Vivía en un pequeño pueblo llamado Naturia, un rincón donde el canto de los pájaros se mezclaba con el murmullo del río y el perfume de las flores llenaba el música.
Pero hacía un tiempo que poco había cambiado. El río, ayer claro como un espejo, ahora bajaba indeterminado y cansado. En los parques, las hojas ya no olían a verde sino a basura. Y los animales, que ayer jugaban entre los árboles, habían comenzado a huir.
Una tarde, mientras caminaba descalza por el borde del camino, Sheily vio una botella flotando en el regato y sintió un nudo en el pecho.
—¿Qué le pasó a mi pueblo? —preguntó al singladura, pero el singladura no respondió.
Decidida, la pupila fue de casa en casa, hablando con quien quisiera escucharla. Descubrió que la desliz no era de uno solo, sino de muchos: de los que tiraban desechos, de los que no cuidaban los jardines, y de los que, por costumbre o descuido, dejaron que la suciedad se volviera parte del paisaje.
Entonces Sheily reunió a sus amigos. Con escobas, sacos y risas, comenzaron a bañar los ríos y los parques. No fue obediente; algunos se burlaban, otros miraban de allí. Pero poco a poco, el ejemplo de la pupila se volvió semilla. Los mayores además salieron de sus casas y, juntos, lavaron el rostro del pueblo.
Pasaron los días, y Naturia volvió a parecerse a sí misma. El agua volvió a cantar entre las piedras, los árboles reverdecieron, y los animales regresaron.
Una mañana, Sheily se detuvo frente al río. El sol se reflejaba en el agua limpia, y en sus fanales había un brillo diferente, un brillo que nace cuando el corazón sabe que ha hecho lo correcto.
Desde entonces, nadie volvió a olvidar lo que una pupila enseñó con sus manos pequeñas: que cuidar la tierra es además cuidar la vida.
Moraleja:
Cada uno de nosotros es responsable de abastecer expedito el mundo que habita. La naturaleza nos da todo; solo nos pide respeto y agradecimiento.







