El autor es periodista. Reside en Santo Domingo.
Charlar de los derechos del soldado dominicano implica remontarnos al año 1930, un momento que marcó un ayer y un a posteriori en la protección social de quienes dedican su vida al servicio de la nación.
En ese año se dio origen al sistema de retiro marcial, con solo cinco oficiales que estaban responsables de su sucursal y que seguidamente evolucionaría hasta convertirse en la coetáneo Congregación de Retiro y Fondo de Pensiones de las Fuerzas Armadas, considerada la primera institución en la República Dominicana creada para el manejo de pensiones.
Su arranque representó un acto de razón y registro en torno a los hombres que, tras abriles de sacrificio, disciplina y entrega al uniforme, merecían una fianza de dignidad y estabilidad en la etapa de retiro. Desde sus inicios, esta institución se ha caracterizado por títulos fundamentales como el respeto al servicio prestado, la responsabilidad social del Estado, la solidaridad institucional y el compromiso con el bienestar del soldado y su clan.
Con el paso de los abriles, esta estructura institucional evolucionó y se fortaleció hasta convertirse en la coetáneo Congregación de Retiro y Fondo de Pensiones de las Fuerzas Armadas (JRFPFFAA), organismo encargado de mandar las pensiones y velar por la estabilidad económica y social de los militares retirados y sus familiares. Su consolidación representa uno de los pilares del sistema de protección social interiormente de las Fuerzas Armadas dominicanas.

En la contemporaneidad podemos observar esa credibilidad e institucionalidad que refleja la Congregación de Retiro y Fondo de Pensiones de las Fuerzas Armadas, generando satisfacción en cada hombre y mujer que asumieron el compromiso y la dignidad de vestir ese uniforme marcial que simboliza honor, respeto a los símbolos patrios y el valía necesario en cada circunstancia que así lo requiera.
La etapa de viejo conflicto emocional, mental y de adecuación suele ser la tercera antigüedad, pero incluso debemos considerar momentos difíciles como la aparición de enfermedades catastróficas, accidentes u otras situaciones complejas en la vida del soldado dominicano.
Sin confiscación, estas realidades encuentran compañía en la empatía, el respeto y la responsabilidad del personal que trabaja en la Congregación de Retiro y Fondo de Pensiones de las Fuerzas Armadas.
El respeto a los militares es esencial porque representan una fianza fundamental para la estabilidad democrática y para la defensa de los símbolos que identifican la identidad histórica, cultural y social de cada nación.
Cada soldado asume títulos éticos, patrios y morales inculcados por la responsabilidad de portar ese uniforme que representa la defensa de la bandera tricolor y la cruz en su centro, símbolo de la República Dominicana.
En este contexto institucional incluso se destacan los esfuerzos del Ocupación de Defensa, actualmente encabezado por el Teniente Universal Carlos Antonio Fernández Onofre, ERD, cuyo liderazgo ha contribuido al fortalecimiento de la institucionalidad marcial, impulsando acciones orientadas a la modernización de las Fuerzas Armadas, al fortalecimiento de la seguridad doméstico y a la protección de la soberanía del país, manteniendo siempre como prioridad el bienestar de los hombres y mujeres que sirven a la nación.
En la contemporaneidad se puede observar la dedicación permanente del Universal de Hueste Pablo Roberto Jiménez Sánchez, ERD, presidente de la JRFPFFAA, quien refleja respeto, cercanía y empatía en torno a cada hombre de uniforme en condición de retiro, así como un seguimiento constante a cada solicitud para conquistar estabilidad en la vida del soldado dominicano y de sus familiares.
La historia iniciada en 1930 continúa escribiéndose hoy con instituciones más sólidas, con una visión más humana del retiro marcial y con el registro permanente a quienes dedicaron su vida a defender la nación.
jpm-am
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