
“Sé vacuo domina una hacienda de la supervivencia en la que cada uno es su propio patrón”. Esta máxima es del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, influyente ensayista, Byung-Chul Han, quien explica que en la presente estamos en presencia de la presencia del neoliberalismo narcisistas, del yo y del rendimiento.
Un aberración que califica como el báratro de lo igual, donde la sociedad padece depresión y cansancio, teniendo como estructura a personas aisladas. En ella, el inclinación es conocido como un producto de consumo y placer individual, porque los seres humanos han perdido la capacidad de conectar con sus semejantes.
La inferencia se extrae del opúsculo La Tribulación del Eros, del citado filósofo, quien encima afirma que el sistema capitalista descarta la conexión entre las personas a nivel emocional, todo en pro de subyugadas al consumo…, donde la exposición como mercancía intensifica lo pornográfico…», ejemplo de esto es la crisis coetáneo en el arte, letras…
Eros más que el dios ininteligible del inclinación, incluso representa el deseo de analizar y verificar lo desconocido en esta sociedad individualista que deforma el sentimiento inclinación reduciéndolo a consumo y narcisismo, en pro de placer individual, donde las personas viven de espalda a las micción de los demás.
En ese orden el autor es enfático en que el neoliberalismo y la civilización digital modifican las relaciones humanas e importancia el rendimiento de las personas, autoexplotación, insolidaridad…, que solo conduce a la visible depresión y cansancio de la sociedad.
“El capitalismo tardío nos convierte en empresarios de nosotros mismos, enfocados en el éxito y la coche optimización, lo que nos aísla e impide ver más allá de nuestro propio ego en la era coetáneo. El otro se reduce a un espejo para la autoafirmación…, el inclinación a un producto de consumo o un arreglo de convivencia que se ve afectado por la sobreexposición y el exceso de información”.
En su crítica a la coetáneo sociedad narcisista, Han afirma que la civilización del rendimiento está matando la capacidad humana de requerir de forma desinteresada y profunda, y ofrece una forma de deseo narcisista y solitario. Por eso, indica que la crimen del inclinación y el deseo seguro en la sociedad coetáneo, importante en el persistente rendimiento, narcisismo e hipercomunicación digital, tiene como consecuencia que las personas se pierden en autopromoción, posesión de datos y suspensión índice de consumo. Indica que la crisis que vive actualmente el arte, la letras…, es parte de esta desaparición del otro, de la sufrimiento del Eros.
A este suceso le candela: el invencible poder del capitalismo; hábil en circunvalar las relaciones humanas, donde el exceso de información emanadas desde los distintos contactos que surgen de las nuevas tecnologías, anulan la criticidad. Por tal razón, para salir de este báratro narcisista se necesitará al prójimo; fomentar una relación más allá del rendimiento y el poder.
Por consiguiente, el Papa Francisco en su critica a la coetáneo Caudal coincide con los aforismos de Han, cuando asiente que esta, reduce al ser humano a un producto o mercancía. Es asegurar, que su enfoque está en el utilidad por encima del valencia humano, de la dignidad.
De modo que, exhorta ejercitar una “hacienda con alma, centrada en equidad social, sostenibilidad y servicio al correctamente popular”. Con esta se rehuye al coetáneo mercado deshumanizado que no protege a los más vulnerables, solo les ve como mercancía, y se abraza protección de derechos fundamentales, mediante el combate de la pobreza, trabajo al servicio de la sociedad y el planeta…
En suma, es necesario que los seres humanos vivamos en sociedades con sistemas culturales, económicos, que ponderen a las personas, con el apoyo o ayuda de modelos, acciones justas y sostenibles.






