
Deligne Ascención, ministro de Obras Públicas | Foto: Kelvin de la Cruz
El secretario doméstico de Estructura del Partido Revolucionario Innovador, PRM, Deligne Ascención Burgos, resaltó este miércoles lo que definió como extraordinaria gusto de servicio que caracterizó la vida del novicio Juan Ernesto Santiago Hernández, quien falleció oprimido el pasado lunes en el río Haina en los alrededores de Manoguayabo.
“Juan Ernesto murió como vivió, sirviendo a los demás. Conjugó en división superlativo el mandato de Jesús “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque solo seres extraordinarios como Juan Ernesto ofrendan su vida en aras de excluir la de los demás”, dijo en indirecta a que el novicio dirigente del PRM falleció mientras intentaba auxiliar a dos jóvenes, uno de los cuales sobrevivió a la crecida del río.
Ascención Burgos, quien dio el panegírico para despedir los restos del fallecido en la funeraria Blandino, previo a su sepultura en el cementerio Cristo Redentor, expuso que al parecer es cuestión del destino que a quienes tienen una vida particular por su paso por la tierra les está reservada una corta existencia.
“Pensemos en la historia y encontraremos centenares de estos casos, es como si Jehová decidiera acortar su existencia a estos seres excepcionales para disminuirles cargas de egoísmo humano”, explicó.
“Oh, Jehová, qué difícil es en este momento poder articular palabras, yo que en innumerables ocasiones ensayé con Juan cómo debíamos iluminar cada una de las conferencias “El país que construye Luis, que en cada región el contribuyó a organizar, incluyendo la fresco en España. Nones pensé que tendría que proponer el discurso de despedida de su paso por esta vida”, precisó embargado por la tristeza.
Ascención Burgos se refiere a que el novicio fallecido fue un importante colaborador de los perremeístas nucleados a su cerca de en la iniciativa que desarrolla en defensa de la encargo ministerial del presidente Luis Abinader y el PRM.
“En mi memoria aún está presente nuestra despedida, cuando el lunes a las 4:15 de la tarde nos despedimos con un vehemente arrechucho y en la puerta de mi despacho, me dijo: “Tío, me voy el lunes para Nueva York para cuando usted llegue el jueves, todo esté montado”, y agregando con su acostumbrada expresión que a mucho de ustedes deberá serles íntimo “No se preocupe, me encargo de todo”. Ese era Juan Ernesto, siempre dispuesto a servir.
“Cuan indescifrable son los caminos del destino, un hombre novicio, empachado de vida, trabajador, con una vasta alforja de sueños e ilusiones se le escapa la vida cuando menos se esperaba”, reflexionó.
Desde que se conoció el lamentable suceso que puso fin a la existencia temporal de Juan Ernesto, agregó, centenares de personas de todos los niveles sociales y económicos han poliedro las más cálidas muestras de apego, cariño y correspondencia a los familiares y allegados de Juan, por la calidad humana que tantos afectos cultivó.
Luego de mencionar a cada uno de los deudos, Ascención Burgos, expresó: “Y a ti mi querido Juan Ernesto, que derramaste en tu corta existencia tanto apego, tanto cariño, tanta entrega, tan fino don de masa, deseo que como decían los romanos: “Sit tibi terra levis”, que la tierra te sea leve.
“Y tú que te nos adelantaste en el reunión con el Señor, que reposes en paz y que tu ejemplo nos sirva para entender cuán frágil es la vida y que lo único efectivo y inmortal que puede acompañarnos en ese desconocido alucinación, es el apego y cariño que se siembra, y tú sembraste demasiado. Hasta siempre, querido sobrino, Juan Ernesto”, concluyó refiriendo a que familiarmente se llamaban tío y sobrino, respectivamente.
En el funeral participaron cientos de familiares, dirigentes del PRM y de otros partidos, así como allegados a la comunidad de Juan Ernesto Santiago Hernández.






