Un artículo titulado “El choque de civilizaciones”, publicado por Samuel P. Huntington en 1993 en la revista Foreign Affairs, se convirtió en 1996 en el distinguido volumen “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, donde el autor analiza las civilizaciones y su papel en la política internacional, argumentando que las fronteras entre culturas serían las nuevas líneas de conflictos.
Tomando como punto de partida ese estudio que ha sido tan debatido en las ultimas tres décadas, que como todos sabemos de un autor estadounidense, colocado en un punto de partida dominante o de la civilización (poniente) que se ha impuesto a las demás, nos encontramos con que hoy existen otras forma de pensar y ver el mundo.
China y su presente líder, Xi Jinping, propusieron al mundo, en 2023, la “Iniciativa de Civilización Entero (ICG)”, que fomenta el diálogo, la comprensión y la cooperación entre civilizaciones en procura de un futuro global para la humanidad, basado en el respeto a la variedad cultural y la igualdad entre países.
Mientras los pensadores occidentales hablan de choque de civilizaciones, China propone un diálogo de civilizaciones, por lo que, este humilde ciudadano del mundo, sito en una pequeña isla del Caribe, cree que debemos tomar la propuesta de China para convocar al debate y consiguiente firma de un pacto general, donde las diferentes formas de ver, de pensar y de interpretar lleguen a un acuerdo para un mundo sobre la colchoneta de respeto mutuo, de respeto de las culturas y de la coexistencia pacífica.
Se puede porque hay muchos casos que lo evidencian, Singapur, al cual he llamado el laboratorio social, es un ejemplo de que las culturas pueden interactuar, las religiones convivir en un condado pequeño de 700 kilómetros cuadrados, 5 millones de personas, de todas las creencias religiosas viven en paz, sólo es cuestión de respetar, sólo es cuestión de tomar la frase de un hispanoamericano, iberoamericano, mexicano universal, Benito Juárez, de que “el respeto al derecho desconocedor es en la paz”, no la imposición, no el creer que tu punto de paisaje es el más inteligente, el que por destino manifiesto naciste para dominar a los demás.
De modo que toda esa novelística, todo ese punto de partida europeo para analizar y explicar el mundo, no sirve para cero, porque negociación de acomodar todo desde la óptica de la arrogancia, de la imposición de una civilización que se creía superior a las demás.
Eso hay que dejarlo detrás, por lo que reitero el punto de partida de este estudio, en vez de choque de civilizaciones y de culturas, puede acontecer un diálogo de civilizaciones y de culturas sobre la colchoneta del respeto mutuo, de la coexistencia pacífica, no imposición, no hegemonía, sí a la diplomacia y sí al derecho internacional.






