Por: Stalin Martínez
La defensa de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) no es solo un asunto colegial ni una consigna corporativo. Es, delante todo, una causa profundamente política, social y humana.
Defender la UASD es defender el derecho de miles de jóvenes a imaginar un futuro desigual, a pensar críticamente, a crear sin cadenas y a alterar la efectividad que los rodea. En tiempos en que lo manifiesto es sistemáticamente atacado y el conocimiento se pretende convertir en mercancía, resguardar a la UASD es resistir contra la desigualdad, la limitación y la imposición del silencio.
Desde sus raíces cordobesas hasta las luchas del Movimiento Renovador, la UASD ha sido un espacio de autonomía, pensamiento crítico y compromiso con el pueblo dominicano. Hoy, esa universidad está en la mira de quienes no creen en la educación como un derecho, sino como un privilegio. Este artículo es una voz más que se suma a una verdad urgente: la UASD no se vende, se defiende. Y al hacerlo, defendemos el futuro de todos.
La defensa de la universidad pública no es solo una causa académica; es una batalla por el futuro, por la igualdad y por el derecho de todos a pensar, crear y alterar.
La historia de la universidad pública latinoamericana está marcada por la resistor y la transformación. En 1918, los estudiantes de la Universidad de Córdoba, en Argentina, lanzaron un queja que todavía resuena: el Manifiesto Preliminarun documento fundacional que exigía la autonomía universitaria, el cogobierno, la autonomía de cátedra y una universidad comprometida con el pueblo.
Ese espíritu de levantamiento y emancipación cruzó las fronteras del continente y llegó a la República Dominicana, donde se concretó en el Movimiento Renovador de la UASD en 1966, tras la Revolución de Abril. Fue entonces cuando nuestra universidad se convirtió, de forma decidida, en un tesina de país, al servicio de las grandes mayorías, especialmente de los sectores históricamente excluidos.
Desde entonces, la UASD no ha sido solo una institución académica: ha sido un espacio de pensamiento crítico, lucha social y formación de conciencia doméstico.
Hoy, los avances de las ideas conservadoras y neoliberales buscan revertir todo lo que se ha acabado. Bajo el disfraz de la “eficiencia” o a “modernización”sectores políticos y empresariales promueven la privatización de la educación pública, recortan presupuestos, desacreditan el pensamiento crítico e intentan convertir las universidades en empresas que respondan a intereses de mercado y no a deyección sociales.
La UASD no escapa a esta ataque. La yerro de financiamiento adecuado, las campañas mediáticas que la presentan como un “problema” y los intentos de acortar su capacidad de batalla forman parte de una logística más amplia: debilitar lo manifiesto para documentar su desmantelamiento.
Este proceso no es inocente ni técnico; es profundamente ideológico. Quieren una universidad despolitizada, desconectada del pueblo y convertida en una factoría de profesionales obedientes, no de ciudadanos críticos.
La UASD debe defenderse porque es la única universidad pública doméstico, presente en múltiples provincias, accesible para miles de estudiantes que no podrían satisfacer una institución privada; porque forma profesionales comprometidos con el ampliación social, no solo con el ganancia; porque ha sido y sigue siendo un faro de pensamiento independiente, debate plural y compromiso tolerante. Porque sin la UASD, miles quedarían fuera del derecho a estudiar.
La UASD es además memoria viva de la resistor antitrujillista, de las luchas del 1965, de la Renovación del 66 y del movimiento estudiantil dominicano. Su historia está escrita con muerte, ideas y esperanza.
Defender la UASD es defender el derecho de todos y todas a pensar, a crear, a cuestionar y a alterar la efectividad. Es defender la idea de que el conocimiento no debe ser un privilegio, sino un proporcionadamente popular. Es resistir delante quienes quieren un país de silencios, obediencia e ignorancia utilitario.
Hoy, más que nunca, es deber de estudiantes, docentes, egresados y de toda la sociedad civil defender la universidad pública. No como un museo del pasado, sino como una aparejo viva para construir un futuro más amoldonado, más digno y más nuestro.
Porque sin universidad pública no hay democracia actual.
Porque sin pensamiento crítico no hay autonomía verdadera.
Porque sin la UASD, el pueblo pierde una de sus más valiosas conquistas.






