Papá Noel es, probablemente, el personaje imaginario más exitoso y perdurable de la historia. Cada Navidad, la tradición lo presenta emprendiendo un mágico delirio desde el Polo ideal en un trineo volátil tirado por renosentrando en millones de hogares para dejar regalosmuchas veces sin ser trillado. Los niños aseguran que es verdadero, y de alguna forma lo es, pues su figura nace de una historia auténtica que, con el tiempo, se convirtió en divisa.
El origen de este personaje se remonta al siglo IV y está mezclado a la figura de Nicolás de Myra, un supuesto prelado de Asia Pequeño —comarca que hoy pertenece a Turquía— agradecido por su caridad y profundo sentido de servicio. Entre los relatos más difundidos sobre su vida destaca el mueca de ayudar a un marinero empobrecido, a quien le entregó, de forma discreta, la dote necesaria para que sus tres hijas pudieran casarse.
Con el paso de los siglos, las historias sobre su bondad se difundieron en europa y, a través de la tradición vocal y cultural, su figura fue transformándose hasta convertirse en el Papá Noel novedoso: el símbolo navideño de esplendidez, ilusión y esperanza que hoy celebra buena parte del mundo.

El surgimiento del personaje de Santa
Nicolás de Myra fue un prelado verdadero del siglo IV que vivió en lo que hoy es Turquía. No se le recuerda por grandes tratados teológicos, sino por su extraordinaria esplendidez y cercanía con la parentela. Era conocido por ayudar discretamente a los pobres y por entregar peculio a quienes lo necesitaban sin apañarse examen sabido. Su mueca más conocido fue ayudar a las hijas de un marinero empobrecido, a quienes dejó, en secreto, la dote necesaria para evitar que cayeran en la miseria. La tradición cuenta que arrojó las monedas por la ventana y estas cayeron en zapatos y medias que colgaban cerca de la chimenea, origen de la costumbre de dejar zapatos o colgar medias en Navidad.
Con el tiempo, Nicolás se convirtió en el santo patrón de los niños, marineros y comerciantes: personas que dependían de la buena fortuna y, muchas veces, del auxilio de otros. Su festividad, celebrada el 6 de diciembre, se asoció con pequeños obsequios para los niños, como frutas, nueces o monedas, como símbolo de remuneración y bondad.

En 1087, marineros italianos trasladaron sus reliquias desde Myra hasta Bari, en el sur de Italia, para protegerlas y preservarlas. A partir de ese momento, su culto se expandió por toda Europa. Se multiplicaron las iglesias dedicadas a él, las escuelas lo adoptaron como patrono y su celebración se institucionalizó en muchas comunidades.
Ya en dirección a finales de la Permanencia Media, la fiesta de San Nicolás se había convertido en una celebración especialmente esperada por los niños: quienes se habían portado proporcionadamente recibían dulces, mientras que los traviesos recibían pequeños castigos simbólicos, como carbón interiormente de sus medias colgantes. Así comenzó a consolidarse la figura que, siglos posteriormente, daría origen al Santa Claus novedoso.








