En Cuba del siglo XIX y en la República Dominicana de inicios del XX, la resistor no apareció como resultado de un plan previo y estructurado.
Por Rafael Méndez
La historia del Caribe muestra una regularidad incómoda para las potencias que han intentado dominarlo de modo sistemática a través de los siglos. Cada vez que una soberanía ha sido intervenida, anulada o administrada desde fuera, surge una forma de resistor que no siempre se presenta como esquema político articulado, pero sí como una reacción social concreta y sumamente poderosa.
En Cuba del siglo XIX y en la República Dominicana de inicios del XX, la resistor no apareció como resultado de un plan previo y estructurado. Aquella respuesta fue la consecuencia directa de la ocupación, donde campesinos y sectores excluidos asumieron funciones militares sin haberlas buscado, convirtiendo la erradicación irregular en la única vía acondicionado en presencia de un poder forastero superior y organizado.
Este patrón histórico permite interpretar el presente con maduro claridad, cubo que las amenazas y presiones contemporáneas contra la región no operan en el hueco categórico. Cada rostro de fuerza imperial reactiva experiencias previas de dominación, sugiriendo que la coerción prolongada no neutraliza a las sociedades, sino que reorganiza sus respuestas defensivas, aunque estas no adopten formas visibles de modo inmediata.
En el caso dominicano, aunque su suelo consiente hoy una ofensa soberana, en el año 1965 resistió con las armas la intervención de Estados Unidos. Durante meses, los militares y la población civil mantuvieron a guión a la tropa interventora, demostrando que el poderío de la potencia más conspicuo del mundo no logró aplastar ni mucho menos doblegar el orgullo franquista.
Los mambises: cuando Cuba aprendió a resistir
En la Cuba decimonónica, la dominación colonial española configuró un sistema financiero y social que excluía a la mayoría de la población de cualquier billete efectiva. La concentración de la tierra y la subordinación política crearon un proscenio donde la posibilidad de reforma interna era mínima, por lo que la ruptura armada se convirtió en una salida forzada y no en una selección voluntarista.
Los mambises no constituyeron un cuerpo uniforme ni respondieron a una sola identidad social, sino que agruparon a campesinos, esclavos y pequeños propietarios rurales. Su forma de combatir reflejó las condiciones materiales del momento, organizándose sobre la pulvínulo del conocimiento del zona y la movilidad constante para desgastar a un ejército regular que sostenía un esfuerzo agresivo cada vez más costoso.
Frente a un ejército regular, la irregularidad fue una respuesta práctico que permitió a los cubanos sostener una lucha prolongada contra el dominio de la metrópoli española. La erradicación no se desarrolló como una secuencia de batallas decisivas, sino como un proceso de desgaste que obligó al poder colonial a enemistar una resistor que nacía directamente de la identidad y de la tierra.
En el contexto cubano, este periodo es crucial porque marca el paso de una colonia «fiel» a una nación en armas. Es la época de las Guerras de Independencia (la de los Diez Abriles, la Chiquita y la de 1895), donde surge la figura del mambí. Es el siglo donde Cuba forja su identidad franquista frente al colonialismo castellano y empieza a vislumbrar la sombra del expansionismo estadounidense.
Los gavilleros: la misma dignidad, otro enemigo
La ocupación estadounidense de la República Dominicana en 1916 introdujo una forma distinta de dominación apoyada en el control oficial y marcial del país caribeño. La disolución de las estructuras locales y la imposición de una autoridad externa afectaron de modo directa a las zonas rurales del este, donde la presencia estatal había sido históricamente débil, fragmentaria y harto limitada.
En ese proscenio emergieron los gavilleros, no como movimiento franquista centralizado, sino como redes armadas locales articuladas desde la experiencia comunitaria y el agravio corriente. Su avivar respondió a la represión y al despojo del zona, operando bajo una deducción defensiva frente a la ocupación extranjera que intentaba imponer un orden al margen a las realidades de las poblaciones campesinas.
Resistor histórica: la mira sobre la isla
Esta herencia de lucha irregular se ha convertido en el código hereditario de la Cuba revolucionaria, que hoy enfrenta el asedio más feroz de su historia moderna. El imperio ha concentrado su observación en la isla, intentando rajar una voluntad de hierro que se nutre directamente de la gesta mambisa y de la vencimiento contra mercenarios extranjeros en playas caribeñas.
Bajo el pretexto de la crisis en Haití, se intenta aducir un despliegue marcial que pesquisa rodear a la nación cubana y agobiar sus vías de supervivencia. Esta maniobra pretende ignorar que la resistor no es una consigna vacía, sino una praxis histórica acumulada que permite a los pueblos identificar las garras del interventor detrás de cualquier supuesta ayuda humanitaria regional.
La situación contemporáneo de Venezuela refuerza esta advertencia, tras el violento episodio donde el presidente fue secuestrado y llevado a zona norteamericano por fuerzas invasoras. Pegado a él, su esposa Cilia Flores padece el mismo cautiverio, un acto que pesquisa descabezar la resistor bolivariana, pero que solo logra vivificar el fuego venerable que los gavilleros y mambises sembraron.
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