
La historia es uno de los viajes más fascinantes que podemos emprender a través de la lección; es el camino que nos permite descubrir de dónde venimos y cerca de dónde nos dirigimos. Estas interrogantes, que la filosofía ha puesto sobre la mesa durante milenios, son abordadas por Yuval Noah Harari en Sapiens desde una perspectiva evolutiva hasta nuestros días.
Bajo el lupa de la desarrollo, todo parte de la complejidad de un estallido: el Big Bang. Materia, energía, tiempo y espacio dieron paso a los átomos que, a su vez, formaron moléculas y, eventualmente, el código hereditario.
En la Tierra, el ADN permitió la aparición de organismos complejos hasta impresionar al mercancías Homo. Sin requisa, entre las diversas especies de Homo que caminaron sobre la Tierra.
El Homo sapiens «hombre sabio» emergió como la estructura más compleja de todas; capaz de crear civilización, y con ella la historia humana.
¿Qué nos separó de nuestros parientes más cercanos? No fue solo la fuerza, sino un cerebro en constante expansión y la capacidad única para la cooperación a gran escalera a través de la ficción. Nuestros ancestros eran cazadores-recolectores temibles que vivían en bandas donde la privacidad era inexistente. Rodeados de un núcleo social íntimo, poseían sus propias religiones, normas y lenguajes. Luchaban con sus otros vecinos y unían fuerzas contra posibles amenazas externas. Celebraban festividades e intercambiaban objetos de boato.
Eran nómadas obligados por los cambios estacionales, siempre en examen de comida y conocimiento. En aquel entonces, conocer qué planta curaba y cuál mataba era la flaca hilera entre la vida y la terminación.
Para entender cómo el Sapiens llegó a su estado contemporáneo, Harari identifica tres hitos decisivos cronológicamente:
En primer lado está la revolución cognitiva: El arranque del educación, la memoria y la comunicación compleja. Aquí aprendimos a descifrar los enigmas de la naturaleza y a creer mitos compartidos. La revolución agrícola: esta trajo consigo el sedentarismo, pero igualmente la conflicto por la propiedad, la explotación del suelo, lo que Harari lumbre «la trampa del trigo». La revolución científica e industrial: La que ha disparado nuestra calidad de vida, erradicado enfermedades y acortado distancias entre ciudades-países-continentes. Pero igualmente la que ha firmado los capítulos más atroces en la humanidad: cámaras de gas, misiles y una crisis climática sin precedentes.
Harari nos aguijada una frase que resume nuestra trayectoria en la naturaleza, somos “un animal que se convirtió en un Altísimo”; esto no se negociación de una superhombre benévolo, sino que comenzó siendo insignificante para terminar convertida en el «amo del planeta y el terror del ecosistema».
A pesar de acontecer «domado» la naturaleza y construido ciudades-islas-imperios-tecnología, junto a preguntarse: ¿hemos disminuido el sufrimiento de nuestros semejantes?. El avance que hasta hoy hemos alcanzados no siempre se traduce en bienestar social, muchas veces solo favorece a unos cuantos, en perjuicios de otros.
La verdad en que en pleno siglo XXI, nos hemos creído ser más poderosos, pero igualmente más irresponsables, incontrolables e insatisfechos. Al final del camino, nos queda una advertencia que ya preocupaba a predecesores como Darwin, somos “una especie insaciable”.
Individuos que se han convertidos en sujetos alienados por el mercado, la tecnología, el consumo y los discursos de odio, perdiendo la esencia de lo que fuimos: una comunidad de sapiens que compartía un destino global.
Si no recuperamos el ártico de aquello que nos unió y de lo que hemos conseguido, corremos el peligro de creernos los amos absolutos del mundo. Esta senda de soberbia conduce a los mandatarios cerca de conflictos absurdos que fracturan la paz y la diplomacia alcanzadas. Como advierte Harari, la amenaza no es solo el colapso ambiental, sino la posibilidad vivo de nuestra propia “autoaniquilación».






