Antaño de que nadie pudiera asimilarlo, el cometa interestelar 3I/ATLAS —ese visitante fugaz que atraviesa nuestro vecindario como si estuviera de paso cerca de otro destino— cambió su aspecto por completo. Hace tan pronto como una semana no mostraba pista de rabo visible y, de pronto, su vestigio se estira millones de kilómetros detrás de él. (Seguir leyendo…)




