Cuando se ve y se palpa los esfuerzos que se realizan, incluyendo al propio presidente, para brindarle al país mecanismos que auspicien nuevos modelos que conlleven a un mejor proceder internamente de una sociedad más reto y humana, pero sospecha que determinados intereses se interponen, uno termina desengañado. Por eso considero oportuno reiterar que sectores importantes han ido tejiendo una especie de telaraña que la cubra, ate y condicione la sociedad.
Desde hace tiempo han ido insertando conductas, para mucho indeseables, que lamentablemente se han ido afianzando en la sociedad de forma tan profunda que adquieren carácter de normalidad. Y eso puede conducirnos a una sociedad, cuyas fatales consecuencias todavía no se vislumbran en toda su dimensión a mediano y dispendioso plazo.
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Pero, si esos hilos que se han entrelazado y continúan perneando el comportamiento de la gran capa social, con el paso del tiempo será mucho más preocupante y peligroso. Porque ya no se estaría dando exclusivamente en determinados estratos sociales, sino que estarían empujando este esquema imagen al resto de la sociedad, hasta convertirla en una calamidad, solo curable con una hecatombe social. Y aunque algunos no le den la debida atención, con eso hay que tener sumo cuidado.
Esa es una de las razones por las cuales casi nadie deje de los conflictos de intereses que se producen en determinadas áreas. Constituyéndose en uno de los peores vicios sociales. En una señal que carcome y destruye los principios éticos y morales de gran parte de ella. Un real flagelo difícil de combatir, sobre todo cuando se producen en una sociedad que algunos pretenden condicionarla.
Si aspiramos a un país mejor, combatiendo los males que impiden su crecimiento sano y harmónico; si creemos que hay que cambiar las cosas que nos conducen al estropicio íntegro; si esos vicios son causantes de los males que nos afectan; si aspiramos a una sociedad plausible, deberíamos blindar las leyes, códigos de conductas y mecanismos legales que de modo clara, definida y persuasivo, castiguen rigurosamente los conflictos de intereses y las faltas de cumplimiento en todas su magnitud. Entre ellos los juegos y las apuestas de modo expansiva y sin control.
Tenemos la urgente obligación de reconvertir nuestra sociedad. Conquistar que todos los sectores tengan presentes los verdaderos intereses nacionales y no los de los grupos que han querido hilvanar un mantón para cubrirla y condicionarla. Debemos hacer esfuerzos para evitar que algunos sectores entorpezcan cualquier esfuerzo para mejorar las cosas y contribuir al saneamiento de la sociedad, con la convicción de que los principios humanistas y cristianos son la vía más segura para el presente y futuro de la nación.
A veces hay razones para perder las esperanzas, no lo niego ni lo escondo. Pero gracias a Jehová, cuando miramos a nuestro aproximadamente encontramos mucha multitud sana, buena y con firmes convicciones. Deseosa de que el país progrese y se desarrolle internamente de las buenas costumbres. Sin obedecer a intereses particulares. Adentro de la habitante del gobierno y en muchas otras áreas importantes. Pero advierto que nadie debe descuidarse, porque para muchos, los intereses lamentablemente pesan más que los principios





