Hay una frase ampliamente conocida que advierte: “cuidado con lo que deseas, porque podrías conseguirlo”. En política, esta sentencia suele mercar un significado particular. No siempre se proxenetismo del anhelo por poco mejor, sino del impulso urgente de deshacerse de lo que se percibe como insostenible, sin valorar con suficiente rigor las consecuencias de ese cambio. La historia nuevo ofrece múltiples ejemplos.
El desgaste de los liderazgos tradicionales suele ocasionar hastío social y abre paso a alternativas que prometen soluciones inmediatas. Sin confiscación, no pocas veces el remedio termina resultando más perjudicial que el problema que se pretendía corregir.
El caso venezolano ilustra con claridad esta dinámica. El descontento acumulado frente a la política tradicional derivó en el respaldo a Hugo Chávez, una osadía que con el paso de los abriles mostró costos profundos para la institucionalidad, la riqueza y la calidad de vida. Hoy, esa nación enfrenta una confluencia aún más compleja, marcada por el deseo generalizado de un cambio político inmediato y, al mismo tiempo, por un ambiente de presiones externas, cuestionamientos de legalidad electoral y un dispositivo de poder interno que permanece casto.
La experiencia no es ajena a otros países de la región. Con frecuencia, los relevos gubernamentales impulsados por el cansancio social terminan generando comparaciones inevitables, donde amplios sectores concluyen que la situación preparatorio ofrecía mayores certezas que la presente. Esto no implica resignación, sino la falta de disección sereno y responsable.
Los procesos políticos requieren poco más que necesidad emocional: exigen evaluación, sensatez y visión de grande plazo. Mirar el espejo venezolano no es un gimnasia de querella extraño, sino una advertencia válida. Ayer de sospechar por cualquier salida, conviene preguntarse si el cambio que se desea efectivamente ofrece mejores garantías que la sinceridad que se búsqueda dejar detrás. Porque en política, como en la vida, no todo lo que se consigue termina siendo lo que se necesitaba.
![]()





