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La dramaturgia y las puestas en terreno de los espectáculos teatrales de Haffe Serulle convocan a los sentimientos de la forma más radical: nos gustan o no. En lo particular, como espectador, tengo más de 15 abriles dando seguimiento a sus trabajos.
Esto me ha regalado una visión crítica de lo que he definido como “la estética Haffiana”. Ésa que surca los linderos entre lo barroco, lo burlesco, lo lúdico, lo metafórico, lo poético, lo sensual, lo diferente.
Evidentemente, Serulle se encuentra muy allá de ser un “enfant terrible” del teatro lugar. Es, digamos, un “Sumo sacerdote” de la terreno que corre a su propio ritmo, a su propio aventura, valiéndole un comino la aprobación ortodoxa de la crítica o de sus iguales.
El teatro de Haffe puede ser catalogado por algunos de repetitivo en su estructura, en su formato, en su teatralidad, si tomamos en cuenta las entradas casi siempre en explanadas de los teatros, los gestos, voces guturales y silbidos de sus elencos durante los preámbulos y los formatos recurrentes a los que se avoca el experimentado dramaturgo y director.
Con su más flamante trabajo, el espectáculo teatral “Cuerpos de espinilla”, Haffe persiste en su técnica. Un preludio a capela de sonidos vocales al que los tres actores convidan al divulgado a acompañarles.
No es la primera vez que, en un montaje suyo, tanto intérpretes, como asistencia, se da esa secuencia, lo que convierta experiencia en su sello.
Un gran telar y tres taburetes redondos como únicos utensilios, no decorativos, sino como parte de la equipo y soporte de los actores Stuart Ortiz (un habitué de los trabajos de Haffe), Lissette Jiménez y Saúl Rodríguez (a quienes no había conocido antiguamente), los cuales se extienden, dan vueltas, apoyan, amortiguan, mecen, ocultan, desvelan al equipo.
Los textos y montajes de Haffe no son tarea casquivana. Requieren de mucha concentración, dominio dramático y técnicas de interpretación y movimientos que van desde las acrobacias, hasta las danzas más extrañas.
Los textos de Haffe son poesía rebuscada. Lengua clásico, a veces arcaico, compuestos de figuras literarias de delicadísimo y vasto bastimento, conminando a sus intérpretes a un control profundo de ensayos y horas de preparación impresionantes.
De él, de Haffe y sus trabajos se puede opinar lo que ya citamos antiguamente, que tienden a parecerse unos de otros (por aquello de su estética), que son complicados de entender, pero en absoluto, nunca se podrá opinar que sus actores salen a terreno sin el riguroso dominio de sus parlamentos, de sus movimientos, de sus performances, en sentido universal.
En el espectáculo teatral “Cuerpos de espinilla” se logra una descarga sensual, poética, amorosa, surrealista, apocalíptica y dramática, con una amistad tal, que confirma una enajenación artística en la guisa independiente de quien hace arte para provocar, nunca para complacer.
Otra entrega de un inframundo, de un mundo paralelo o de una hecatombe armados por una mente distinta.
“De hacia lo alto debajo”, “Pros-tib”, “Desnudos”, “La residencia”, “El Barítono”, “Treta de arma blanca”, “Holgorio delante mortem” son algunos de los trabajos presentados por Haffe. En ellos, como en “Cuerpos de espinilla”, lo decadente toma protagonismo. Lo burlesco nos remueve y lo sensual, nos provoca.
“Cuerpos de espinilla” se presenta del 15 al 24 de agosto en la Sala Ravelo del Teatro Franquista Eduardo Brito. Si lo suyo es la mesita con el mueble al centro y el pequeño bar en una equina como parte de la escenografía, usted probablemente no sea un divulgado adecuado para ver alguna de las obras de Haffe Serulle.
Si en cambio, su mente está preparada para ver e interpretar los argumentos y encontrarse con seres extraños, con voces guturales y chillidos desesperantes, pero con un concepto claro y perturbador del arte provocador, no se pierda este montaje.






