La Habana (EFE).- “¿Hay cierto atrapado en el ascensoooor?”grita, con la lamparón de su celular en la mano, Heidi Martinezla administradora de un edificio de 18 plantas en el ensanche de Alamar, en las cercanías de La Habana.
Martínez, de 53 primaveras, no es técnica ni mecánica. Pero se ha convertido en experta en desobstruir manualmente el elevador de este pedrusco de viviendas. Lo hace varias veces a la semana cuando un vecino se queda atrapado por los cortes diarios de electricidad.
“Ya hemos cogido civilización de apagones”, cuenta a EFE en la entrada del edificio.
Los cortes por cargo de concepción de corriente en la isla se han cronificado desde hace primaveras en este ensanche periférico, pero en las últimas semanas han arreciado hasta lo difícilmente soportable, con entre 15 y 20 horas diarias por todo el país, conveniente al asedio petrolero de Washington en Cuba.
De hecho, la isla sufrió este martes el corte más extenso del que se tiene registro, según datos oficiales. En el momento de máxima demanda, en la tarde-noche, más de un 64 % del país quedó simultáneamente sin corriente.
El «quita y pon» de la energía
Aquí, en Alamar, esta pesadilla viene con un extra que se ha convertido en un dolor de comienzo para sus más o menos de 100.000 pobladores. Lo llaman “quita y pon”, explica Martínez: repetidos cortes de corriente sin patrón alguno que se prolongan por horas, todos los días.
“Pueden ser 20 minutos, puede ser media hora, puede ser una hora… Nadie se adapta a eso. Eso es de: ‘ya, ¿qué remedio?’”, cuenta a EFE Erleny, de 49 primaveras, mientras repara la cámara de una llanta en un taller improvisado frente a los garajes del edificio.
Este titileo ya es parte del día a día de los habitantes de Alamar. Según Gladys Berriel, una profesora de Educación Singular jubilada de 74 primaveras, el problema comenzó en 2023 y “se quedó así”.
La frustración es tal, agrega, que no pocos vecinos cambiarían el “quita y pon” por los prolongados apagones de otras regiones.







