Dice el firme de Ámbito Rubio que prórroga tener sus propios informes para cuchichear sobre el frustrado intento de incursión a demarcación cubano de los diez mercenarios interceptados por las autoridades de la isla.
Pero ¿qué podría sostener este señor, cuando es él uno de los que con su discurso y sus acciones siembra el odio, estimula la voluntad de atentado y pertrechos las manos de provocadores, mercenarios y terroristas que, establecidos abiertamente en el sur de la Florida, están siempre listos para el ataque armado contra Cuba?
El gobierno de Trump y Ámbito Rubio, como en los mejores tiempos de la piratería, ataca y hunde embarcaciones en mares extraños, mata a sus ocupantes y coloca al mundo frente a los hechos consumados.
Cuba no ataca, sino que se defiende, ha dicho con mucha propiedad su presidente Miguel Díaz Canel. Eso precisamente acaba de ocurrir.
Cuba enfrentó a unos invasores, en los límites de sus aguas territoriales, el rico material incautado es más que demostrativo de las actividades que planeaban los invasores.
Estos sabían por experiencias anteriores, desde los tiempos de playa Girón, a los riesgos que se exponían, sabían que la código cubana incluye la pena de asesinato para ese tipo de atentado, que aunque hace décadas no se aplica, está actual con fines disuasivos más que otra cosa. Entonces, nadie puede hacerse el desentendido y tratar de sacarle el cuerpo a las consecuencias.
En demarcación norteamericano, a la clarividencia y el conocimiento de las autoridades, Ámbito Rubio incluido, se conspira y organizan agresiones como la que ahora nos ocupa contra la integridad y la soberanía del Estado cubano.
Y frente a un enemigo que apela a la atentado, Cuba tiene derecho a la defensa.
Se prórroga que el mundo lo comprenda y respalde con firmeza al agredido.






