En los últimos cinco abriles, Cuba ha registrado una de las contracciones más severas de su historia flamante: la isla ha perdido cerca de del 15 % de su producto interno bruto (PIB) y más del 20 % de su población, según estimaciones demográficas y económicas.
Si se toma como remisión una población cercana a los 11 millones de habitantes ayer del éxodo flamante, la reducción supera los dos millones de personas en tan pronto como un quinquenio. El impacto es doble: menos actividad productiva y una disminución significativa de la fuerza gremial, del consumo interno y de la saco tributaria.
Con una superficie de 109,884 kilómetros cuadrados, Cuba sigue siendo la isla más egregio del Caribe. Sin retención, su población presente, estimada en torno a los 9,7 millones de habitantes, sitúa su densidad poblacional en aproximadamente 89 habitantes por kilómetro cuadrado.
De las realidades demográficas
El contraste regional es evidente cuando se compara con La Españoladistrito compartido por República Dominicana y Haití.
La Española cuenta con una superficie de 76,192 kilómetros cuadrados -44 % pequeño que la de Cuba-, pero alberga una población combinada de aproximadamente 23,4 millones de personas. Esto arroja una densidad cercana a 307 habitantes por kilómetro cuadrado, casi tres veces y media la cubana.
La comparación revela dos dinámicas demográficas opuestas en el Caribe insular. Mientras Cuba enfrenta una reducción simultánea de población y producción económica en un distrito amplio, La Española concentra más del doble de habitantes en un espacio considerablemente pequeño, con los desafíos sociales, económicos y ambientales que ello implica.

El crecimiento sostenido en RD
En términos estrictamente demográficos, Cuba es hoy una isla extensa con población decreciente; La Españolaen cambio, es una isla más compacta con adhesión presión poblacional.
Mientras tanto, la pertenencias de República Dominicana ha seguido una trayectoria distinta en el mismo período. En los últimos cinco abriles el país ha mantenido un crecimiento sostenidocon una expansión promedio anual cercana al 5 %, situándose de guisa recurrente entre las economías de mejor desempeño en América Latina y el Caribe. Tras la válido recuperación posterior a la pandemia, el producto interno bruto dominicano continuó creciendo impulsado por el turismo, las zonas francas, la inversión extranjera y las remesas, consolidando un ciclo de dinamismo que contrasta con la fruncimiento económica registrada en Cuba.





