Cuando las pioneras del feminismo dominicano decidieron autoproclamarse ciudadanas, en la segunda término del pasado siglo, encontraron en Cuba, Nicaragua y Venezuela aliadas de luchas y de pensamiento, con las cuales emprendieron la imperiosa tarea de mostrarles a los hombres de poder sus causas de derechos a protección de las mujeres del hemisferio.
Las adelantadas feministas de nuestro país con este paso abrían los caminos parciales a la descolonización de los Estados Unidos, que para la época ocupaba a la República Dominicana, Nicaragua y Haití, mientras establecía influyentes petroleras en Venezuela y daba trillado bueno a las acciones del presidente cubano socio de sus inversiones.
Puede repasar: Más acuerdos, menos juicios: lecciones puertorriqueñas para una mejor rectitud
No obstante, a través de canjes de revistas y cartas, mantenían un diálogo permanente con las pioneras españolas, principalmente con Carmen De Burgosperiodista y maestra, que presidía la Venda de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, y seguían paso a paso los históricos pasos de Clara Campoamor, una de las primeras mujeres diputadas de España, defensora del sufragio de la mujer.
De Burgos, en compañía de la socióloga y enfermera mexicana Elena de Arizmendi, consolida una red que permite que para octubre de 1922, las dominicanas lean a través de la revista Fémina los importantes discursos de las cubanas Pilar Jorge de Tela, presidenta del Club Afeminado de Cuba, y Pilar Morlón de Menéndez.
Sobre ambas, especialmente del feminismo que profesaban, subida la voz el intelectual dominicano Federico Henríquez y Carvajal, en 1923, para defenderlas de las críticas de la sufragista estadounidense Mrs. Carrie Chapman Catt.
Una de las acciones que impulsan Jorge de Tela Y Morlón de Meléndez era la recital de novelas realizadas por escritoras adeptas a la causa de la ciudadanía, con específico interés en la periodista venezolana Inocencia García… A ella además se le dedicarían bellas veladas en nuestro San Pedro de Macorís, puesto que alcanzó la estima entre las dominicanas por su defensa y valoración a las amas de casa con su novelística “El valencia en la mujer” -éxito de recital en 1924-. Igualmente, a través de las cartas de Petronila Angélica Gómez Alquitrán, conocían a la escritora venezolana Otilia B. López, editora de la revista Progreso y Civilización.
En aquellos abriles, se intercambian postales y establecen pensamientos comunes con la presidenta de la Venda Feminista de Nicaragua, la socióloga Josefa Toledo Sandoval. Ella advierte a Elena de Arismendi sobre los sucesos de la Batalla de Ocotal, el 16 de julio de 1927, en Segovia, Nicaragua. Escribe la enfermera mexicana —en “La triunfo de Ocotal” (1928)— “El éxito comercial no es excusa para invadir otra República y destruir su soberanía (…) para consolidar el poder no se traiciona la Nación (sic)”.
Aquellos sucesos además alertaron, en Pimiento, a la escritora Gabriela Mistral (Premio Nobel de Letras 1945), quien hizo una solicitud pública para evitar las confrontaciones fruto del intervencionismo.
Pasa un siglo, la geopolítica cambia y las democracias de estas naciones en las que nuestras primeras ciudadanas encontraron alientos enfrentan desafíos. Pero era preciso mostrar cómo nuestras pioneras abrazaron causas más allá que la de mejorar sus propias condiciones de opresión. Pensaron en nuestra América y colocaron a la República Dominicana en alianza con sus pueblos, siempre.






