Con el anuncio de la construcción de un nuevo aeropuerto en República Dominicana ha surgido la pregunta valida de cuántos aeropuertos internacionales necesita el país, tanto públicos como privados. A memorizar, existen aeropuertos en Punta Caucedo, La Romana, Bavaro, La Cortina, Punta Cana, El Higüero, Santiago, Puerto Plata, El Catey, Regato Barril, Barahona y Sitio Rojo (en construcción), entre otros.
El nuevo aeropuerto estará situado en Río San Juan con una supuesta inversión de mil millones de dólares, suma que a todas luces parece exagerada. La intención manifiesta es que será un aeropuerto privado, pero al igual que en otros privados, con pocos cambios legales y reglamentarios se pueden convertir en internacional. Habiéndose publicitado tanto la rentabilidad del aeropuerto de Punta Cana no sería de apartar que ahora el transporte para conseguir ser aeropuerto internacional es comenzar con un aeropuerto de supuesto uso privado.
¿Pero uno debe preguntarse para qué una aeropuerto en Río San Juan estando tan cerca el de Puerto Plata? ¿Igualmente, podría preguntarse para qué construir uno en Sitio Rojo si ya hay un aeropuerto en Barahona? Lo razonamiento hubiese sido que el Estado construyera una moderna autopista de cuatro carriles entre Barahona y Sitio Rojo a donde se pudiese arribar en 45 minutos.
Igualmente sucede en el anunciado en Río San Juan. Habiendo una magnifica infraestructura aeroportuaria en Puerto Plata, ¿por qué no mejor ampliar y modernizar con cuatro vías la carretera existente entre Río San Juan y Puerto Plata?
Así mismo, se está hablando de un aeropuerto en Miches cuando lo que se necesita es mejorar la autopista contemporáneo desde Punta Cana a cuatro vías, o por igual mejorar los accesos desde Las Américas o Romana a Miches. Para ello solo habría que restablecer en una vía moderna de cuatro carriles las carreteras existentes que unen a estos pueblos.
El país verdaderamente no necesita nuevos aeropuertos. Lo que se requiere es un vasto plan focalizado de carreteras modernas que agilicen el tránsito entre las facilidades aeroportuarias existentes y los diferentes polos turísticos, como se hizo con la Autopista del Coral. Ese debe ser el ejemplo para seguir.






