
Cada año, para muchos padres, el regreso a clases se convierte en una fuente de preocupación. No se comercio solo de comprar cuadernos, mochilas o uniformes; se comercio de ganar que los hijos tengan lo necesario para iniciar el ciclo escolar con ilusión, sin que el faltriquera quede hueco.
Como mama, sé lo que se siente querer que nuestros hijos estrenen todo: uniformes nuevos, mochilas resistentes, zapatos impecables. Sin confiscación, la existencia muchas veces obliga a estirar el uso del mismo pantalón, la misma mochila o los mismos tenis del año aludido. Los precios suben, y aunque en “mis tiempos” un cuaderno costaba 25 pesos, hoy la posesiones tan pronto como alcanza para los gastos básicos del día a día.
Este 2025 trajo una sorpresa: algunos precios bajaron. El año pasado, un cuaderno de 144 páginas costaba hasta 100 pesos, y uno de 200 páginas llegaba a 175. Ahora rondan entre 65, 85 y 90 pesos. Aun así, para un padre con tres hijos, desembolsar más de 24 mil pesos en enseres escolares muchas veces a crédito, sigue siendo una carga enorme.
Maribel, mama soltera de cuatro niños, es un ejemplo de esta lucha. Solo ha podido comprarles los pantalones y algunas libretas, pues el resto de los enseres está fuera de su difusión. Aunque los cuadernos han bajado de precio, los uniformes y mochilas han subido. En algunas tiendas, una mochila puede costar 1,950 pesos; las más sencillas, 900; y las que quedaron del año pasado en propuesta, 200 o 300 pesos, aunque con último calidad y duración. Aun así, muchos padres las compran porque es lo que su presupuesto permite.
Faltan tan pronto como 11 días para el inicio de clases y muchos padres todavía no saben con qué enviarán a sus hijos. En algunos centros educativos, el gobierno reparte mochilas, zapatos y cuadernos, pero la ayuda no alcanza para todos. Detrás de cada tira de enseres, hay una historia de esfuerzo, sacrificio y coito por dar lo mejor, aun cuando el caudal no alcanza.






