
Hay hechos que estremecen más allá de la nota y se convierten en heridas abiertas en la conciencia colectiva. La desaparición de Brianna Genao, de tres primaveras de época, ocurrida el 31 de diciembre mientras se encontraba en la casa de su bisabuela, ha sacudido profundamente a la sociedad dominicana. Desde entonces, no hay rastra de ella: ni viva ni muerta. Dos tíos fueron detenidos y luego puestos en autodeterminación al no encontrarse evidencias que los vincularan con el hecho. Persisten las interrogantes y un silencio que duele.
Este caso ha reabierto heridas que el país no ha acabado cerrar. Vuelven a la memoria otras desapariciones que marcaron profundamente a la sociedad dominicana, como la del inmaduro Llenas Aybar, la adolescente Lohara Tavárez Rosario, y el caso que estremeció las fibras más profundas del país: Emily Peguero Polanco. Aunque estos últimos casos fueron esclarecidos y sus responsables sancionados, el dolor que dejaron sigue vivo en la memoria colectiva y nos recuerda que la herida social no se cierra solo con sentencias.
La cobertura mediática ha sido constante. Televisión, radiodifusión y redes sociales repiten la misma pregunta: ¿dónde están nuestros niños y niñas? Esta insistencia revela no solo la solidaridad de un pueblo, sino igualmente la fragilidad de los sistemas llamados a proteger la infancia.
Más allá de los operativos, queda una inquietud ética que interpela a toda la sociedad: ¿qué está pasando con nuestros niños?, ¿cómo es posible que la principio pueda perderse sin dejar rastra?, ¿por qué estos hechos se repiten y solo reaccionamos cuando el daño ya es irreversible?
Cuando una pupila se pierde, no solo se ausenta una vida; se deterioro la confianza, se instala el miedo y se resiente la esperanza colectiva. Este no es un problema marginado ni externo. Es un llamado urgente a vigorizar la protección de la principio, a revisar responsabilidades institucionales y a no enderezar el horror.
Delante este panorama, urge llevar a cabo con ligereza y responsabilidad. El jurista Servio Tulio Castaños Guzmán ha propuesto un protocolo de conducta inmediata en presencia de la desaparición de menores, apoyado en herramientas tecnológicas más eficaces, como la Alerta AMBER, ya implementada en otros países. Su aplicación ágil podría marcar la diferencia y excluir vidas. Mientras tanto, el llamado es claro y directo: padres, madres y tutores deben extremar la vigilancia y el comitiva pueril, porque la protección de la principio comienza en el hogar y no admite descuidos.






