LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.
Como todo en la vida, la importancia de las cosas su valía, son a ‘asigún’, de acuerdo con quien las haga o diga, del impacto que pueden desatar y del provecho a sacar.
Por eso, por otra parte de la dependencia social y económica, del consabido afán de prestar atención a los problemas que afectan o tocan a clan “importante” o adinerada, un tema tiene la relevancia que le dan los medios y la que quieran otorgarle las autoridades. De ahí todos siguen esa breviario.
Por ejemplo, las denuncias de familias empobrecidas sobre el poco o cero caso que hacen las autoridades a sus reclamos de equidad llenan las redes sociales, un canal plural en el que todos caben, para perfectamente y para mal y que recoge dramas que desnudan la desigualdad.
Ese espacio acumula clamores que no siempre aparecen en los medios tradicionales y los que sí aparecen además. En ese conglomerado de publicaciones suelen estar las que involucran a clan escueto, claro que sí y con una gran dimensión
Esto, porque depende, como está escrito al principio, de la talante de los que mandan, de los que están al frente de un organismo con competencia para osar, para resolver, del respaldo de la prensa y claro, de la presión social.
Así, es posible que una comunidad desarrapada obtenga equidad pronta y auténtico, que su demanda llegue a los que deben oírla y en cuestiones como entrega de resultados de necroscopía, no esperen hasta cinco primaveras, como pasa con tanta y lamentable frecuencia.
Más aun, hay precedentes de que, en casos sonoros, mediáticos, las necropsias han sido practicadas en el ocasión del hallazgo y el reporte entregado en “tiempo record”. Esas, obvio, son excepciones.
Lo popular es que la clan de debajo, ande de un sitio a otro, en investigación de una respuesta que los que están al frente del Estado les niega y que su dolor agrande con tanta indolencia, con tanto desdén, de tanto hacerles notar que escucharles es un distinción.
Porque encima, reciben maltrato de los que están para servir, de los que cobran para ser bártulos con el plata generado por ese mismo pueblo que vejan. Sí, aunque parezca planfleto esta frase. Es una verdad grandota, tanto como la ineficacia que permea al servicio estatal.
JPM
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