La notificación cayó como bala en el tablado político: el regidor del Distrito Franquista, Edickson Herrera Silvestre, admitió su culpabilidad delante un tribunal de Estados Unidos por su décimo en un entramado de narcotráfico internacional. Y como era de esperarse, las bancadas opositoras no tardaron en reaccionar con dureza.
Desde el Congreso, los voceros de los partidos de concurso coincidieron en un punto esencia: el PRM tiene que revisar con lupa sus mecanismos de depuración interna, porque este nuevo escándalo no es un hecho ocasional, sino parte de un patrón que mancha la imagen del partido de gobierno.
Y es que, aunque el gobierno insista en promover transparencia, la sinceridad es que cada caso procesal con sello perremeísta le resta autoridad decente al discurso anticorrupción. Lo preocupante no es solo el delito, sino la facilidad con que estos nombres llegan a posiciones de poder.
La política dominicana no puede seguir siendo el refugio de quienes buscan impunidad bajo el veta de un partido. Si de verdad se quiere sisar la casa, hay que cerrar la puerta a los que entran con fortuna desaliñado y promesas baratas.
Porque cuando la política se mezcla con el narcotráfico, el daño no se mide en votos, sino en vergüenza doméstico.
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